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viernes, 30 de octubre de 2009

Los fríos números nos hacen entrar en calor

El hambre es hoy el principal problema del mundo. La Cumbre de Roma convocada por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), trató de hacer frente a este problema, pero según los resultados, fue un fracaso. No abordó en profundidad el sistema alimentario mundial que favorece la especulación y beneficia sólo a las grandes corporaciones. Los intereses de los países ricos no permitieron dar pasos hacia soluciones reales para acabar con el hambre en el mundo.


La declaración final quedó sólo en buenas intenciones con compromisos mínimos: “luchar por todos los medios para erradicar el hambre”, “invertir en el sector agrícola”, “buscar un comercio más justo”, pero sin ofrecer los medios para lograrlo.


El hambre en números


La realidad es cruda e hiriente. Es necesario conocerla para cambiarla. Los datos son cada vez más desafiantes. Cada día mueren 70.000 personas por hambre en el mundo. Cada cinco segundos muere de hambre o por sus secuelas inmediatas un niño menor de diez años. Más de 6 millones de niños murieron en 2007. Hay 854 millones de seres humanos viviendo en situación de hambruna. En el tiempo que se tarda en leer esta declaración habrán muerto alrededor de 300 personas de hambre, la mayoría niños.


A todo esto hay que añadir los millones de personas que se encuentran en una situación de desnutrición crónica. La ONU señala que 2.200 millones de seres humanos, es decir uno de cada tres habitantes del planeta viven en estado de desnutrición crónica. Según Ziegler, el número de víctimas de la desnutrición crónica aumentó en la última década en 28 millones, mientras que, paradójicamente, al mismo tiempo aumentó la renta mundial en un 2,5% anual.


El mayor número de personas hambrientas, 515 millones, viven en Asia, donde representan el 24% de la población total. Pero si hablamos de la proporción de las víctimas, el precio más alto lo paga el África negra, donde hay 186 millones de seres humanos en situación de hambruna permanente y severa, es decir, el 34% de la población total de la región. La mayoría de estas personas son niños.


Un niño privado de la alimentación adecuada desde que nace hasta los 5 años, padecerá las secuelas durante toda su vida. Privados de alimento, sus células cerebrales habrán sufrido daños irreparables. El hambre y la desnutrición crónicas constituyen una maldición hereditaria. Todos los años, cientos de miles de mujeres africanas severamente infraalimentadas ponen en el mundo a cientos de miles de niños afectados por la desnutrición y el hambre.


La situación de hambruna permanente explica el fenómeno migratorio del sur hacia el norte. Los latinoamericanos, magrebíes y subsaharianos no emigran hacia Estados Unidos, Canadá o Unión Europea por gusto. El hambre los empuja a abandonar su tierra en busca de mejores oportunidades de vida. Sólo en Estados Unidos hay un promedio de 36 millones de emigrantes. A nivel mundial sobrepasan los 100 millones.


Las estadísticas son frías. Pero el drama humano está ahí. Es el sufrimiento y la angustia lacerante que tortura a cualquier ser humano ver morir de hambre a un miembro de la familia. Hombres, mujeres, niños y ancianos que al despertar por la mañana no encuentran qué comer. Vivir en esa angustia es, seguramente, todavía más terrible que soportar cualquier otro dolor.


La muerte por hambre ocurre en una especie de normalidad estática, todos los días, en un planeta desbordante de riquezas. Jacques Diouf, dirigente de la FAO, constata que en el estado actual de desarrollo de las fuerzas agrícolas de producción, el planeta podría alimentar sin problemas a 12.000 millones de seres humanos, es decir, el doble de la población mundial actual.


Esta masacre cotidiana por el hambre no obedece a ninguna fatalidad. Detrás de cada víctima hay un asesino


Algunas causas del hambre en el mundo


El orden mundial actual, (que más que orden podríamos llamar “desorden”), expresado en el capitalismo neoliberal, es injusto, inhumano y salvajemente criminal. La ecuación es simple: quien tiene dinero come y vive, quién no lo tiene sufre, pasa hambre y muere. Cualquier muerte por hambre es un asesinato, del cual el primer mundo y los poderosos de los países del sur son responsables.


No se puede luchar contra el hambre y la pobreza sin cuestionar las causas que los provocan. Partimos con este interrogante: ¿Cómo es posible que con la ayuda extranjera, además de los préstamos internacionales, haya aumentado de forma espectacular la pobreza y el hambre en los países del sur? Las causas son múltiples.

  • En primer lugar se puede señalar la injusta distribución de la riqueza debido a las relaciones de explotación Norte-Sur, que con la imposición de la globalización neoliberal, se agudiza aún más la brecha entre el mundo rico y el mundo pobre.
  • En este sentido sobresale el papel de las grandes corporaciones o compañías trasnacionales de los países ricos que, como aves de rapiña, caen sobre los países del sur para explotar y saquear su materia prima. Muchos países del Sur son ricos en minerales y productos agrícolas, pero esta riqueza es explotada por las multinacionales del Norte. Por ejemplo, en Guatemala, la multinacional canadiense Montana se lleva el 99% de la producción de oro, dejando para el país el 1%. Las trasnacionales son atraídas por los ricos recursos naturales, el alto rendimiento debido a los bajos salarios y la casi ausencia de impuestos, regulaciones medioambientales, derechos laborales y costos de seguridad laboral. Entre el débil y el fuerte la libertad económica oprime.
  • El desplazamiento de las poblaciones locales de sus tierras y el saqueo de sus fuentes de autosuficiencia por las empresas que crean mercados de trabajo saturados de gente desesperada y forzada a vivir en sitios marginales y a trabajar duro por salarios de hambre, violando a menudo las leyes de estos países sobre el salario mínimo.
  • El comercio injusto y especulación financiera de los alimentos y de la producción agrícola. Por ejemplo, el 55% de la producción de trigo está controlada por la especulación.
  • La deuda externa que actúa como un instrumento de sumisión de los países del norte sobre el sur. Estos países se ven obligados a recortar los servicios públicos para ir pagando la deuda. Por ejemplo, un país pobre solicita un préstamo al Banco Mundial (BM) para el fortalecimiento de algunos aspectos de su economía. Si no puede devolver los altos intereses, se verá forzado a pedir un nuevo préstamo, pero esta vez al Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero el FMI impone un programa de “ajuste estructural”, que asigna a los países la concesión de exenciones fiscales a las transnacionales, la reducción de los salarios, la no protección de las empresas locales de las importaciones extranjeras. Se presiona para que privatice su economía y venda a precios escandalosamente bajos sus minas y servicios públicos a las empresas privadas. Estos países son forzados a abrir sus bosques y sus tierras en beneficio de explotaciones mineras a cielo abierto, sin el menor miramiento del daño ecológico que pueda causarse. Las naciones deudoras también deben recortar los subsidios para salud, educación, seguridad alimentaria, protección medioambiental, con el objetivo de gastar menos en su gente y para disponer de más dinero para satisfacer los pagos de la deuda.
  • Los monocultivos en los países del sur (por ejemplo café, caña de azúcar, cardamomo…), lo que requiere grandes cantidades de pesticidas, reduciendo cada vez más las áreas cultivadas de cientos de variedades de cosechas que tradicionalmente servían de alimento a la población local.
  • La utilización de agrocombustibles para la producción del etanol que son pretexto de contaminar menos el ambiente, reduce la producción agrícola con fines alimentarios. Amplias zonas que antes se dedicaban al cultivo de cereales para el consumo, ahora se destinan para la producción de biocombustibles.
  • La carrera armamentista. Los gobiernos del mundo en el año 2007 gastaron 1,3 billones de dólares en armas , un 6% más que el año anterior. El gasto militar a nivel mundial aumentó el 49,2% en la última década.En el mundo se gasta 190 veces más en armas que en combatir el hambre.
  • El excesivo gasto consumista del primer mundo (el 20 por ciento la humanidad consume el 73 por ciento de los recursos del planeta, mientras que el 80 por ciento del sur sólo tiene acceso al 17 por ciento). La sociedad de bienestar del primer mundo tiene más de lo que necesita. La socióloga noruega Harlem Bruntland ha investigado y demostrado que si los siete mil millones de habitantes del planeta consumieran lo mismo que los países desarrollados, harían falta diez planeta como el nuestro para satisfacer todas sus necesidades. En realidad lo que a unos les sobra a otros les falta.
  • El cambio climático que en algunas regiones del planeta provoca grandes inundaciones y en otras persistentes sequías. El sistema neoliberal se desarrolla destruyendo la naturaleza. Pues su criterio es producir y consumir cada vez más sin medir las consecuencias medioambientales.
  • La explosión demográfica es otro de los elementos a tener en cuenta. Sin embargo, dijimos que el planeta, con la producción existente, tiene capacidad para alimentar a 12.000 millones de personas. En la actualidad no llega a los 7.000 millones. La tierra tiene suficiente riqueza para alimentar a todos sus habitantes. “La tierra da lo suficiente para satisfacer las necesidades de los hombres, pero no su ambición”, señalaba Gandhi.

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