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jueves, 26 de agosto de 2010

MSF, madres, padres y educación, para combatir el dengue en Honduras

Debido al alarmante aumento del número de casos de dengue registrado en Honduras en lo que va del año, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) realizan una intervención de emergencia en Tegucigalpa (capital), donde se ha constatado el índice más alto de afectados.


Se trata de un tipo de intervención relativamente nuevo para la organización, que pocas veces trabaja con la problemática del dengue en un proyecto de este tipo, donde, además de coordinar una sala de emergencia pediátrica que ya ha atendido a 80 niños, se encuentra identificando y eliminando, a través de brigadas móviles y en coordinación con la Secretaría de Salud, focos infecciosos en 4000 viviendas de la región periférica de Tegucigalpa.


El dengue, endémico en América Central, es una enfermedad viral transmitida por los mosquitos del género Aedes (Aedes aegypti y albopictus), cuyos síntomas clásicos muchas veces son similares a los de un estado gripal, y que pueden incluir dolor de cabeza, picos febriles, náuseas, dolores abdominales y erupciones cutáneas. La forma más grave en la que se manifiesta la enfermedad es el dengue hemorrágico, que produce sangrados y puede generar un shock irreversible, causando la muerte.


En Honduras, el dengue clásico registró en 2010 un aumento significativo en comparación con el año anterior, superando los 50.000 casos en lo que va de año. Asimismo, la característica más preocupante de este brote es la prevalencia del dengue hemorrágico, con más de 1.500 casos y 160 muertes, un incremento del 1850% en comparación con 2009. “Yo conocía el dengue anterior”, explica doña Herminia Moncada, habitante de una de las casas inspeccionadas por MSF y cuyo hijo estuvo recientemente internado a causa de la enfermedad. “Pero éste es distinto. Este dengue mata”, agregó.


Aunque la Secretaría de Salud ha estado brindando respuesta al gran número de casos, incrementando la cantidad de camas disponibles y habilitando unidades especializadas en dengue en los centros de salud en las zonas periféricas, el hospital de referencia para la enfermedad no daba abasto ante la afluencia de pacientes. Además, las unidades descentralizadas de dengue sólo estaban preparadas para recibir a pacientes adultos, por lo que los niños continuaban derivándose al centro de referencia. Frente a esta situación, y para contribuir a descongestionar los hospitales desbordados, MSF reacondicionó una sala de emergencia en el Hospital San Felipe, en los suburbios de Tegucigalpa, que brinda atención a niños menores de 15 años que presentan síntomas de la enfermedad. Ya en su segundo día de actividades, la sala, con una capacidad de 23 camas, se encontraba trabajando a plena capacidad.


Durante su estadía en la sala, el tratamiento para los niños consiste en hidratación y reposo. “Con el dengue no podemos definir de antemano qué pacientes podrán mejorar rápidamente. No existe una vacuna o medicamento específico contra el virus; sólo podemos controlar los síntomas y tratar las consecuencias, esperando que el propio cuerpo se estabilice”, explica la doctora Elisabeth Bragança, a cargo de la sala de urgencias de MSF. Si bien el tratamiento suena sencillo, la hidratación oral presenta sus complejidades: el suero debe suministrarse con mucho cuidado para evitar la sobrecarga de líquidos, ya que el dengue altera la permeabilidad de los vasos sanguíneos y se corre el riesgo de que los líquidos terminen alojándose en distintas partes del cuerpo, provocando complicaciones como edemas pulmonares.


El personal sanitario de MSF también trabaja en la educación de los acompañantes de los niños internados, tomándose el tiempo para explicarles cómo administrar los líquidos de forma regular a sus hijos. “Yo atribuyo mucho del éxito de la intervención médica a la colaboración de los padres”, enfatiza la doctora Bragança. En varios casos, son las madres las que permanecen durante toda la noche junto a sus hijos, dándoles el suero en los intervalos establecidos y anotando las cantidades para luego informar al personal sanitario. Por lo general, los padres no cuentan con nadie que los releve, y a veces pasan muchos días sin dormir. Por esta razón, el soporte emocional a los padres es un componente más de la intervención.


Educación, abatización y fumigación


Además de dar atención médica, MSF interviene para hacer frente a esta emergencia a través del control vectorial, para evitar la propagación del mosquito transmisor de la enfermedad. De forma coordinada con el organismo de control vectorial del Ministerio de Salud, los equipos de MSF se encuentran trabajando a través de brigadas móviles en la colonia Manchén, en un barrio periférico de Tegucigalpa, en el que se registraron los mayores índices de personas afectadas.


Los mosquitos que transmiten el dengue se crían en agua estancada, por lo que el manejo adecuado del agua en las viviendas es central. Es por esto que para el dengue, no alcanza solamente con el tratamiento médico de las personas enfermas, sino que se requiere además prestar especial atención a los aspectos sociales y culturales que posibilitan la aparición de la enfermedad. “La educación es el componente primordial y fundamental para combatir el dengue; es lo que va a cambiar el transcurso de las epidemias futuras”, asegura Luis Montiel, coordinador de logística del proyecto.


En la colonia Manchén, donde las casas se sitúan en las laderas de las colinas, las familias reciben agua cada quince días, lo que les obliga a almacenar en tanques. En los angostos pasillos de las casas, se acumulan cacharros y bidones que pueden convertirse en potenciales focos infecciosos. La acumulación de basura es otro aspecto preocupante. Al tratarse de familias de escasos recursos, el tratamiento de los residuos presenta sus dificultades. María Mercedes Suazo Bustillo, de 89 años, cuenta que, desde que una habitación al fondo de su vivienda se desmoronó, no ha podido deshacerse de todos los escombros y muebles inutilizables. “Yo soy pobre y nos cobran mucho dinero por tirar todo esto, por eso no puedo hacerlo”.


Para concientizar y educar a la población sobre cómo mantener el agua almacenada libre de larvas y evitar la acumulación de basura donde se deposite agua, diversas brigadas de educadores de MSF recorre el barrio, casa por casa, dividiendo el trabajo en manzanas, identificando los posibles focos infecciosos y explicando a sus habitantes cómo evitar la propagación del vector. El hincapié está puesto en modificar los hábitos y costumbres sociales, involucrando a las personas en la lucha contra el dengue, haciéndolos participar y colaborar en la limpieza de su propia casa. Las mismas brigadas se encargan de la abatización, un proceso mediante el cual se trata con un producto químico el agua para evitar que las larvas puedan reproducirse. Se trata de un trabajo minucioso pero necesario, que permite generar en las familias la confianza necesaria para que luego los equipos de fumigación de MSF puedan entrar a las viviendas. El objetivo de esta segunda etapa es romper el ciclo de reproducción del mosquito, a través de dos ciclos de rociado sobre cada casa, con un intervalo de siete días. Hasta el momento, MSF lleva 700 viviendas abatizadas y 400 fumigadas y planea rociar 4000 casas antes de la finalización de la intervención.

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