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jueves, 16 de diciembre de 2010

Ser soldado en Uruguay


''Que sea pobre no significa que no pueda salir adelante'', dice Jorge Perdigón a la periodista Paula Barquet del semanario Que Pasa, en una entrevista que esta le realizara. Perdigón pertenece a las Fuerzas Armadas uruguayas, pero no a un alto cargo sino todo lo contrario, es un soldado de los rangos más bajos. Como él hay 9.359 personas más, de un total de 20.000 efectivos, que perciben un salario extremadamente bajo para los costes de vida del país: $5.715 brutos, que líquidos quedan en $5.000 (unos 250 dólares aproximadamente) mensuales. Pero aún hay más: seis de cada diez efectivos del ejército, incluyendo oficiales y rangos superiores, están por debajo de la ya de por sí irreal ''línea de pobreza''. Es decir que, el 60% de los militares que trabaja al día de hoy, es explotado por el estado y obligado a sobrevivir con un salario con el que hay que ''hacer magia''.

Desde el gobierno, las demagógicas voces del presidente José Mujica y el ministro Luis Rosadilla se han hecho sentir en variadas ocasiones, hablando de lo desfavorecidos que se encuentran los militares de bajo rango. Estas voces habrán podido cargar de esperanzas a estos militares, pero en los hechos y al observar los resultados de la Ley de Presupuesto Nacional del Poder Ejecutivo para los cinco años de gobierno, muestran una realidad que los sigue perjudicando. En rigor, lo que dicha ley expone, es que el aumento hacia el final del ejercicio del presente gobierno (2015) el aumento (diferencial) alcanzará, en tres etapas, $2.500 (unos 125 dólares al día de hoy). Ya en enero del año que viene recibirán $1.500, por lo que deberán repartir el aumento de $1.000 restantes, distribuidos en los cuatro años posteriores. 

Su desfavorecida situación económica provoca que vivan en los barrios llamados ''asentamientos irregulares'', lo cual, lejos hablar de cualquier (des)calificativo que suele utilizar la sociedad uruguaya para definir dichos barrios, genera mayores problemas aún. Por ejemplo, Ángel Melo, otro soldado entrevistado por la periodista, tiene una hija que nació con una arteria cruzada y que le ha provocado diversos problemas de salud desde su nacimiento, lo cual requiere un mayor cuidado médico, pero la calle por la que se llega a su casa es de pedregullo y no siempre pueden ingresar las ambulancias. El mismo soldado sentencia la situación con un ''Viste donde vivimos?''. Su situación de vivienda no es la única, el 50% de los soldados de la capital (Montevideo) viven en barrios como el de Melo, barrios que conllevan una vida poco digna para sus pobladores desde los puntos de vista de la salubridad y la vivienda.      

A la situación económica y de vivienda, hay que sumar dos situaciones degradantes más. Por un lado la relacionada a la interna del ejército, en la que los ''mandos superiores'' ordenan y los de ''abajo'' tienen que cumplir. Eso se ve en las declaraciones que realiza Melo, cuando la periodista le pregunta que hubiera cambiado si hubiera podido hacer carrera militar (estudiar dentro del ejército para ir subiendo de rango), a lo que responde: ''Hay diferencias. Siendo cabo o sargento podés mandar a los soldados, o sea, a nosotros. Dar ordenes, como 'vaya y haga tal cosa'''. En sus declaraciones no hay mal salario o barrio que valga, lo primero que subyace es el tema de mandar y ser mandado, para lo cual hay innumerables ejemplos que no son la intención exponer en esta publicación. Así y todo, hace referencia al salario también y dice que para llegar a fin de mes tiene que hacer ''maravillas'', a lo que agrega: ''Llegar no se llega. No creo que haya nadie que pueda''

La segunda situación degradante a la que hacíamos referencia es a nivel social. Las miradas del resto de la sociedad son acusadoras y en muchos casos son considerados como una parte independiente de ésta, parecen ser ''milicos'' ([des]calificativo degradante utilizado por la sociedad uruguaya para hacer referencia a ellos) y nada más. También Melo habla del tema cuando Barquet le pregunta: "Qué imagen tiene la sociedad del efectivo militar?'' a lo que responde ''mala'' y agrega: ''Ya solamente con salir con la ropa... la mirada de desprecio está''. Parte de esta situación quizá sea generada por la terrible imagen que quedó en la sociedad después de la última dictadura cívico-militar acaecida en el país, pero a no equivocarse, casi el 100% de los soldados de bajo rango tienen marcada su fecha de ingreso al ejército posterior a la culminación de dicha dictadura y no han agredido a nadie. Más aún, los propios militares entrevistados por la periodista se muestran contrarios a esta etapa y avergonzados por sus antecesores, prefiriendo ni siquiera utilizar el término ''dictadura'', llamándola ''pasado atroz'', calificativo que podría utilizar (y utiliza) cualquier habitante de la sociedad uruguaya para referirse al periodo. 

Así que, más allá de las etiquetas que se les ponen o los crímenes que se les atribuyen, pero que no son de ellos, hay un sector de la sociedad uruguaya que está viviendo una situación de explotación laboral grave y que genera, por el cúmulo de ''cuestiones'' mencionadas en esta publicación, su exclusión y el silenciamiento de su situación de ''pobreza'' económica, educativa, de salud y de vivienda; y trascendiendo la discusión de estar de acuerdo o no con la existencia de las Fuerzas Armadas, sus integrantes son personas como cualquiera otra dentro de la sociedad y están padeciendo una situación que no debe dejar de ser denunciada.                     

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