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viernes, 6 de noviembre de 2009

La otra cara de Obama con respecto a Latinoamérica

Barack Obama

A un año de la elección de Barack Obama, el saldo de la política de Estados Unidos hacia América Latina es muy desfavorable para sus pueblos y lejana de las expectativas de un trato más amistoso generadas durante su campaña electoral. Hagamos un somero recuento de los tres asuntos fundamentales que en este año muestran a las claras el rumbo imperial que ha tenido siempre este país contra América Latina.

A dos meses de la llamada Cumbre de las Américas, donde Obama anunció una nueva etapa en la relación con los vecinos del sur, se produjo el golpe de Estado en Honduras, dirigido (como afirmó Hugo Chávez) al eslabón más débil de la Alba. Tal vez otro de los objetivos de las fuerzas de ultraderecha del establishment involucradas fuera a desacreditar las expectativas sobre las presumibles "buenas intenciones" de Obama hacia Latinoamérica, pero si el cuartelazo, como ha trascendido, salió de la base de Soto Cano, con la aprobación del Comando Sur, de funcionarios del Departamento de Estado y con la complicidad del mismísimo embajador estadunidense Hugo Llorens. Lo cierto es que han pasado más de cuatro meses desde el golpe y las acciones del gobierno de Obama han sido débiles, tardías y contraproducentes al objetivo proclamado de restituir al presidente Zelaya. Con la mediación de Óscar Arias (el del tratado de San José mencionado en el blog en una noticia del mes pasado), Washington dio respiración artificial a los golpistas justo en el momento en que quedaron totalmente aislados y repudiados por la ONU, la Unión Europea y hasta por la OEA. Más tarde, en el momento en que el ingreso clandestino de Zelaya al país, unido al empuje de la resistencia popular, ahondó la crisis política de la dictadura, el Departamento de Estado y la Casa Blanca prosiguieron alimentado un marco negociador que enfatiza en reconocer a la dictadura como actor principal de una solución política, como se ha demostrado en los últimos días. Sus acciones, en suma, han ido encaminadas a socavar la legitimidad del presidente Zelaya y a que, en el mejor de los casos, se le restituya sólo con carácter protocolar y sin tiempo para influir en el resultado de las elecciones del 29 de noviembre, las mismas que Estados Unidos y la OEA pretenden convalidar, no importando el clima de represión masiva y ausencia de las más elementales garantías democráticas que las ha precedido. Todo sin tocar un pelo a los golpistas, ni desmantelar la estructura institucional en que se originó el golpe, ni sancionar a los autores de la feroz represión desatada.

Por otro lado, aparecen las siete bases militares de Estados Unidos en Colombia y con ellas la cesión adicional a la fuerza aérea de la potencia del norte de siete aeropuertos civiles del país para que también los utilice a su antojo. Como bien dice el documento del Pentágono cuyo facsímil publica la revista colombiana Semana en su última edición, se trata de una oportunidad única para realizar operaciones contra gobiernos antiestadunidenses. Léase Venezuela, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Nicaragua, El Salvador, Guatemala; y no se diga Cuba. A fin de cuentas lo que decida Washington según su conveniencia. Es muy certero afirmar que Colombia se ha convertido en una gran base militar estadounidense y dada su privilegiada posición geográfica se transforma por eso en una amenaza sin precedente para la libertad y la independencia latinoamericanas que exigirá una gran batalla popular por sacar esas bases.

El otro asunto que pone en solfa toda la retórica obamiana de una nueva etapa en el trato con América Latina es el bloqueo a Cuba, que continúa intacto, infamia que el gobierno de Estados Unidos intenta justificar, como se vio en boca de su representante en la ONU Susan Rice después de la condena a la medida genocida por 187 de los 192 estados miembros del organismo. Es penoso el espectáculo de una inteligente mujer afroestadunidense de antecedentes progresistas trasformada en una arrogante vocera del cruel castigo al pueblo cubano, pero en el fondo, como en el caso de Obama, ocurre que quieran o no, al llegar a la Casa Blanca o claudican de sus anteriores ideales o tienen que irse, como ha ocurrido ya con varios de los colaboradores del afroestadunidense.

martes, 27 de octubre de 2009

La situación de Colombia analizada por Alfredo Molano

Alfredo Molano

Cronista único de la Colombia desgarrada, el sociólogo y escritor Alfredo Molano (nacido en Bogotá; 1944) ha logrado convertir en prosa sus vivencias de más de seis décadas caminando el territorio de su país. Su periodismo y literatura de denuncia se cuentan entre las escasas ventanas de visibilidad que la situación en Colombia adquiere, tanto para los propios colombianos como para la comunidad internacional.

El reciente escándalo estallado en Colombia por el desvío de fondos del programa gubernamental “Agro Ingreso Seguro” (AIS), que financia al Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), es calificado por Alfredo Molano, como “un programa plutocrático que ayuda a la acumulación de ganancia de los más ricos”. “En Colombia nunca ha habido una reforma agraria real a pesar de que han habido leyes que la facilitarían. La concentración de la tierra aumenta de manera fabulosa”.

En apenas una década -1990-2000-, en que muchos discutían las características que debería tener una Reforma Agraria, “los narcotraficantes se apropiaban en ese mismo lapso de cinco millones de hectáreas (…) y siguen sumando”, dijo Molano, para quien esta concentración y desplazamiento se encuentra en la base de la violencia en Colombia a lo largo de las décadas.

De esta manera los fondos de AIS que en sus orígenes tenían por destino la ayuda social hacia asalariados rurales, han terminado como subsidios a los grandes terratenientes que a la vez están detrás de la campaña por la entronización en el poder de Álvaro Uribe. Una pieza clave en ello ha sido el financiamiento del paramilitarismo cuyo desmantelamiento anunciado oficialmente no tiene correlato en el infierno que sufren las comunidades Colombia adentro.

¿Y con el ambiente?

Alfredo Molano habla también de los nuevos micro y mega proyectos que desde el agronegocio, los agrocombustibles, la minería, el “eco-turismo” o la extracción de hidrocarburos atentan contra los recursos y los bienes naturales de Colombia y sus comunidades rurales.

La lógica es tan clara como aberrante: si una hidroeléctrica ha decidido instalarse en el cauce de un río, pues es ella misma la que realiza el estudio de impacto ambiental y la que a la postre redacta las condiciones para obtener su licencia sustituyendo la soberanía del Estado colombiano por su sed de ganancias, indica Alfredo Molano.

Otro punto de preocupación es la apropiación privada de las playas naturales por parte de los consorcios de turismo y “eco-turismo”, un nuevo formato de apropiación plutocrática de los territorios.

El conjunto de Latinoamérica como escape

Finalmente, el intelectual teje una perspectiva de salida de la situación de Colombia enfocando a su país en el contexto Latinoamericano, toda vez que su país es el principal receptor de ayuda militar norteamericana y asimismo amenaza a la región con las bases militares extranjeras que alberga. “Esas bases están apuntando básicamente a Venezuela en primer lugar y en segundo lugar al Amazonas. Agradecemos a los compañeros de América Latina por su solidaridad en nuestra lucha contra estas bases vergonzosas para Colombia”, remató Alfredo Molano.

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