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viernes, 28 de marzo de 2014

La situación del cambio climático se agravará

El 31 de marzo, en Japón, se publicará un importante informe de Naciones Unidas (ONU) sobre cambio climático. Se prevé que la documentación afirmará que el cambio climático está provocando más eventos extremos y que ello generará un daño significativo tanto en los países ricos como en los más pobres. El informe es redactado por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés), órgano de ONU encargado de realizar cinco informes anuales sobre el conocimiento acerca de los aspectos científicos, técnicos y socioeconómicos de la crisis del clima.
El último dossier de los ''expertos'' dejó en claro que el cambio climático provocado por el ser humano, o más bien deberíamos decir: algunos seres humanos (especialmente empresarios y políticos occidentales), ya afecta los ecosistemas y la producción de alimentos, y que los efectos en la salud humana se están volviendo cada vez más evidentes. También sostenía que “ni siquiera los esfuerzos de mitigación más tenaces pueden evitar los efectos del cambio climático en las próximas décadas”, pero sin ellos “el cambio climático probablemente exceda, a largo plazo, la capacidad de adaptación de los sistemas naturales, gestionados y humanos", según un comunicado de prensa del jueves de Amigos de la Tierra Internacional (ATI).
Esa federación ecologista alerta que se prevé que el próximo informe sostenga que, a pesar de que se adopten medidas para la adaptación al cambio climático, la productividad de la agricultura mundial podría disminuir en todas las regiones, aunque las más afectadas, para no perder la costumbre, serán las de los países ''en desarrollo''.
Los científicos advierten que el clima extremo se está cobrando muchas vidas, está afectando el sustento de las personas de todo el mundo y que esa tendencia se intensificará. Las personas más pobres económicamente y más marginadas no podrán adaptarse a esta realidad. El informe subraya la necesidad de que los líderes del mundo adopten medidas urgentes para reducir las emisiones de carbono”, afirmó la coordinadora del programa Justicia Climática y Energía de Amigos de la Tierra Internacional, Dipti Bhatnagar.
Es dable esperar además que aumente el número de refugiados climáticos. El activista Yuri Onodera, de Amigos de la Tierra Japón, afirmó: “Los países en desarrollo tendrán que soportar los peores efectos del cambio climático, a pesar de que históricamente son los que menos han contribuido a la emisión de gases de efecto invernadero en la atmósfera”.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Desastre mundial: la Tercera Era del Carbono


En todo lo referente a la energía y la economía en la era del cambio climático, nada es lo que parece. La mayoría de nosotros creemos (o queremos creer) que la segunda era del carbono, la Era del Petróleo, será pronto reemplazada por la Era de las Renovables, al igual que el petróleo lleva sustituyendo desde hace mucho tiempo la Era del Carbono. El presidente estadounidense Barack Obama ofreció exactamente esta visión en un muy alabado discurso sobre el cambio climático el pasado mes de junio. ''Es verdad, necesitaremos de los combustibles fósiles un poco más'', señalaba, ''pero muy pronto serán superados por energías renovables''Muchos otros ''expertos'' comparten este punto de vista, que nos asegura que la creciente dependencia del gas natural “limpio” combinado con ampliadas inversiones en energía solar y eólica, permitirá una transición suave hacia un futuro de ''energía verde'' en el que la humanidad ya no arrojará dióxido de carbono y otros gases invernaderos a la atmósfera. Todo esto suena en efecto prometedor, solo hay un ''pequeño'' inconveniente: que no es, de hecho, el camino por el que avanzamos. La industria de la energía no está invirtiendo de forma significativa en energías renovables. En cambio, está dedicando sus beneficios históricos a nuevos proyectos de combustibles fósiles que implican ante todo la explotación de las denominadas reservas “no convencionales” de gas y petróleoEl resultado es indiscutible: la humanidad no está entrando en un período que estará dominado por las energías renovables, sino que está iniciando la tercera gran era del carbono: la Era del Petróleo y Gas No Convencionales.

Que nos estamos embarcando en una nueva era del carbono es cada vez más evidente y debería perturbarnos a todos. En cada vez más regiones de EEUU, y en un creciente número de otros países, se está utilizando la fracturación hidráulica (uso de columnas de agua a alta presión para desmenuzar las formaciones subterráneas de esquisto y liberar las reservas de petróleo y gas natural atrapadas en su interior). Mientras tanto, en Canadá, Venezuela y otros lugares se está acelerando la explotación de petróleos pesados a partir de carbón sucio y de las formaciones de arenas bituminosas. 

Es cierto que cada vez se construyen más variedades de parques eólicos y solares, pero aunque parezca mentira se espera que en las próximas décadas la inversión en extracción y distribución de combustibles fósiles no convencionales supere, y mucho, al gasto en renovables, al menos en una ratio de tres a unoSegún la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés), una organización intergubernamental dedicada a la investigación que tiene su sede en París, la inversión acumulada en el mundo en extracción y procesamiento de nuevos combustibles fósiles alcanzará un total de alrededor de 22.870 billones de dólares entre 2012 y 2035, mientras que la inversión en renovables, energía hidráulica y energía nuclear supondrá una cifra de unos 7.320 billones de dólares. Para esos años, se espera que solo las inversiones en petróleo, estimadas en 10.320 billones de dólares, superen el gasto dedicado a la energía eólica, solar, geotérmica, biocombustibles, hidráulica, nuclear y cualquier otra forma de energía renovable combinadas.

Además, como explica la IEA, una parte cada vez mayor de esa asombrosa inversión en combustibles fósiles se dedicará a formas no convencionales de petróleo y gas: arenas bituminosas canadienses, crudo extrapesado venezolano, petróleo y gas de esquistos bituminosos, depósitos energéticos situados en el Ártico y en las profundidades oceánicas, y otros hidrocarburos derivados de reservas energéticas anteriormente inaccesibles. La explicación de lo anterior es bastante simple: los suministros mundiales de petróleo y gas convencional (combustibles derivados de reservas de fácil acceso que requieren de un procesamiento mínimo) están desapareciendo rápidamente. Como se espera que la demanda mundial de combustibles fósiles aumente en un 26% de aquí a 2035, los combustibles no convencionales tendrán que proporcionar una gran parte de la energía mundial.

En un mundo así, una cosa es segura: las emisiones globales de carbono se dispararán más allá de nuestras más desfavorables previsiones, lo que significa que las intensas oleadas de calor serán habituales y que las escasas zonas vírgenes que nos quedan quedarán aniquiladas. El planeta Tierra será un lugar mucho más duro y abrasador, posiblemente a niveles inimaginables. Desde esta perspectiva, merece la pena explorar con más profundidad cómo es que hemos acabado en este atolladero, en otra era del carbono.

La primera era del carbono

La primera era del carbono empezó a finales del siglo XVIII, con la introducción de la máquina de vapor alimentada con carbón y su aplicación generalizada a toda clase de empresas industriales. El carbón, inicialmente utilizado para las fábricas textiles y las plantas industriales, se empleó también para el transporte (barcos y ferrocarriles de vapor), la minería y la producción de hierro a gran escala. En efecto, lo que llamamos ahora Revolución Industrial se vio en gran medida posibilitada por la creciente aplicación del carbón y la máquina de vapor a las actividades productivas. Finalmente, el carbón se utilizaría para generar también electricidad, un campo en el que sigue siendo dominante en la actualidad.

Esa fue la época en la que enormes ejércitos de infortunados trabajadores construyeron los ferrocarriles continentales y enormes fábricas textiles mientras proliferaban y crecían las grandes ciudades industriales. Fue la era, sobre todo, de la expansión del Imperio Británico. Durante un tiempo, Gran Bretaña fue el mayor productor y consumidor de carbón, el principal fabricante del mundo, su primer innovador industrial y la potencia dominante, y todos esos atributos estaban inextricablemente conectados. A través del dominio de la tecnología del carbón, esta pequeña isla frente a las costas de Europa pudo acumular inmensas riquezas, desarrollar el armamento más avanzado del mundo y controlar las rutas marítimas del planeta.

La misma tecnología del carbón que dio a los británicos esas ventajas globales también provocó a su paso una miseria inmensa. Como señalaba el analista de la energía Paul Roberts en su obra The End of Oil , el carbón que se consumía entonces en Inglaterra era de la variedad lignito pardo “plagado de azufre y otras impurezas”. Cuando se quemaba, “producía un humo acre y asfixiante que hacía que escocieran los ojos y los pulmones y ennegrecía paredes y ropas”. A finales del siglo XIX, el aire de Londres y de otras ciudades alimentadas con carbón estaba tan contaminado que “los árboles se morían, las fachadas de mármol se deshacían y las enfermedades respiratorias se hacían epidémicas”.

Para Gran Bretaña y otras primeras ''potencias'' industriales, la sustitución del carbón por el petróleo y el gas fue una ''bendición'' que permitió mejorar la calidad del aire, restaurar las ciudades y reducir las enfermedades respiratorias. Desde luego, la Era del Carbón no ha terminado en muchas partes del mundo. En China y en la India, entre otros lugares, el carbón sigue siendo la principal fuente de energía, condenando a sus ciudades y poblaciones a una versión siglo XXI del Londres y Manchester del siglo XIX.

La segunda era del carbono

La Era del Petróleo empezó en 1859 con la producción comercial iniciada en el oeste de Pensilvania, pero solo despegó tras la II Guerra Mundial con el explosivo crecimiento de la propiedad del automóvil. Antes de 1940, el petróleo jugaba un papel importante en la iluminación y lubricación, entre otras aplicaciones, pero seguía estando subordinado al carbón; después de la guerra, el petróleo se convirtió en la principal fuente de energía del mundo. De 10 millones de barriles al día en 1950, el consumo global se disparó a 77 millones en 2000, una bacanal de medio siglo quemando combustibles fósiles.

Un elemento fundamental en el predominio mundial del petróleo era su estrecha asociación con el motor de combustión interna (MCI). Debido a la superior portabilidad del petróleo y a su intensidad energética, es decir, la cantidad de energía que libera por unidad de volumen, lo convierte en el combustible ideal para MCI versátiles. Al igual que el carbón alcanzó su importancia al alimentar los motores de vapor, lo mismo sucedió con el petróleo al alimentar las crecientes flotas de coches, camiones, aviones, trenes y buques del mundo. Actualmente, el petróleo proporciona el 97% de toda la energía utilizada en el transporte mundial.

La prominencia del petróleo se aseguró también por su creciente utilización en la agricultura y en la guerra. En un período relativamente corto de tiempo, los tractores alimentados con petróleo y otras maquinarias agrícolas sustituyeron a los animales como fuente energética fundamental en las granjas de todo el mundo. Una transición parecida se produjo en el moderno campo de batalla , con tanques y aviones accionados con petróleo sustituyendo a la caballería como principal fuente de potencia ofensiva.

Esos fueron los años de la propiedad masiva de automóviles, autopistas continentales, suburbios interminables, centros comerciales gigantes, vuelos baratos, agricultura mecanizada, fibras artificiales y, por encima de todo, de la expansión global del poder estadounidense. Como EEUU poseía reservas inmensas de petróleo, fue el primero en dominar la tecnología de la extracción y refinamiento del mineral y el que más éxito tuvo a la hora de utilizarlo en el transporte, la industria manufacturera, la agricultura y la guerra, destacando como el país ''más rico'' y ''más poderoso'' del siglo XXI, una saga contada con gran deleite por el historiador energético Daniel Yergin en The Prize. ''Gracias'' a la tecnología del petróleo, EEUU pudo acumular niveles asombrosos de riquezas, desplegar ejércitos y bases militares por todos los continentes y controlar las rutas marítimas y aéreas del mundo, extendiendo su poder a cada rincón del planeta.

Sin embargo, al igual que Gran Bretaña experimentó las consecuencias negativas de su excesiva dependencia del carbón, igualmente EEUU, y el resto del mundo, ha sufrido ya de diversas formas su dependencia del petróleo. Para garantizar la seguridad de sus fuentes de suministro en el exterior, Washington ha establecido tortuosas relaciones con proveedores extranjeros de petróleo y ha combatido varias costosas y debilitantes guerras en la región del Golfo Pérsico, una sórdida historia de la cual nos podemos informar tod@s. 

La exagerada dependencia de los vehículos de motor para el transporte personal y comercial ha dejado el país norteamericano mal equipado para lidiar con las periódicas interrupciones de suministros y los repuntes en los precios. Pero, sobre todo, el inmenso incremento del consumo de petróleo, allí y en todas partes, ha producido el correspondiente aumento de las emisiones de dióxido de carbono, acelerando el calentamiento planetario (un proceso que empezó durante la primera era del carbón) y exponiendo al planeta tierra a los cada vez más devastadores efectos del cambio climático.

La Edad del Petróleo y Gas No Convencionales

El crecimiento explosivo de la automoción y los viajes en avión, la suburbanización de partes importantes del planeta, la mecanización de la agricultura y la guerra, la supremacía global de EEUU y el comienzo del cambio climático: estos han sido los distintivos de la explotación del petróleo convencional. En el momento presente, la mayor parte del petróleo del mundo se produce aún en unos pocos cientos de gigantescos campos petrolíferos en Irán, Iraq, Kuwait, Rusia, Arabia Saudí, los EAU, EEUU y Venezuela, entre otros países; algún petróleo más se obtiene aún en campos alejados de la costa en el Mar del Norte, el Golfo de Guinea y el Golfo de México. Este petróleo sale del suelo en forma líquida y necesita relativamente de escaso procesamiento antes de refinarlo para convertirlo en combustibles comerciales.

Pero ese petróleo convencional está desapareciendo. Según la IEA, los principales campos que actualmente proporcionan la parte del león del petróleo mundial perderán las dos terceras partes de su producción en los próximos veinticinco años, con un resultado neto que se hunde desde 68 millones de barriles al día en 2009 a solo 26 millones de barriles en 2035. La IEA nos asegura que el nuevo petróleo que se encuentre sustituirá esa pérdida de suministros, pero que la mayor parte provendrá de fuentes no convencionales. En las próximas décadas, los petróleos no convencionales representarán una porción creciente de las existencias de petróleo mundial, convirtiéndose finalmente en nuestra principal fuente de suministros.

Lo mismo sucede con el gas natural, la segunda fuente más importante de energía del mundo. La oferta global de gas convencional, al igual que la de petróleo convencional, está reduciéndose y cada vez dependemos más de fuentes no convencionales de energía, especialmente de la proveniente del Ártico, los profundos océanos y las rocas de esquisto, obtenidos mediante la fracturación hidráulica.

En cierto modo, los hidrocarburos no convencionales son casi lo mismo que los combustibles convencionales: ambos están en gran medida compuestos de hidrógeno y carbono, y al quemarse producen gran calor y energía. Pero, a la larga, las diferencias entre ellos supondrán para nosotros diferencias cada vez mayores. Los combustibles no convencionales, especialmente los petróleos pesados y las arenas bituminosas,  tienden a tener una proporción más alta de carbono e hidrógeno que el petróleo convencional, y por eso liberan más dióxido de carbono cuando se queman. El petróleo del Ártico y de las profundidades del mar necesita mayor energía para su extracción y, en consecuencia, provoca emisiones de carbono más altas en su propia producción“Muchas de las nuevas variedades de combustibles derivados del petróleo no se parecen en absoluto al petróleo convencional”, escribió en 2012 Deborah Gordon, especialista en el tema en el Carnegie Endowment for International Peace. “Los petróleos no convencionales tienen a ser pesados, complejos, cargados de carbono y están encerrados en lo más profundo de la tierra, estrechamente atrapados o unidos a la arena, el alquitrán y las rocas”.

Con mucho, la consecuencia más preocupante de la naturaleza distintiva de los combustibles no convencionales es su extremado impacto en el medio ambiente. Como a menudo se caracterizan por ratios más altos de carbono y de hidrógeno, y por lo general necesitan mucha más energía para poder extraerlos y convertirlos en materiales utilizables, producen más emisiones de dióxido de carbono por unidad de energía liberada. Además, muchos científicos creen que el proceso que produce gas de esquisto, saludado como combustible fósil “limpio”, causa amplias liberaciones de metano, un gas invernadero especialmente potenteTodo esto significa que mientras siga creciendo el consumo de combustibles fósiles, se estarán arrojando a la atmósfera grandes cantidades de C02 y metano que, en vez de reducir, acelerarán el calentamiento global.

Y hay otro problema asociado con la tercera era del carbono: la producción de petróleo y gas no convencional requiere de inmensas cantidades de agua para las operaciones de fracturación, a fin de extraer las arenas bituminosas y los petróleos muy pesados y para facilitar el transporte y refinamiento de esos combustibles. Esto provoca una creciente amenaza de contaminación del agua, especialmente en las zonas de producción con intensas fracturaciones y arenas bituminosas, además de una alta competitividad y lucha por el acceso a los suministros de agua entre perforadores, campesinos, autoridades municipales y otros. Cuando el cambio climático se intensifique, la sequía será la norma en muchas áreas y, por ello, la competición cada vez más feroz.

Junto con estos y otros impactos medioambientales, la transición de los combustibles convencionales a los no convencionales tendrá consecuencias económicas y geopolíticas difíciles de valorar en este momento. Para empezar, la explotación de las reservas de petróleo y gas no convencionales en regiones anteriormente inaccesibles implica la introducción de tecnologías productivas de última generación, incluyendo las perforaciones en el Ártico y en mares profundos, la fracturación hidráulica (hydro-fracking) y el tratamiento de arenas bituminosas. Una de las consecuencias es que alterará la industria global energética al hacer aparecer compañías ''innovadoras'' que posean las tecnologías, el dinero y el apoyo de gobiernos y organismos internacionales cómplices, para explotar los nuevos recursos no convencionales a costa de los pueblos del mundo; al igual que sucedió durante los primeros años de la era del petróleo cuando surgieron nuevas compañías para explotar las reservas petrolíferas del mundo. 

Esto ha quedado muy evidenciado en el desarrollo del gas y esquisto bituminoso. En muchos casos, firmas más pequeñas como Cabot Oil and Gas, Devon Energy Corporation, Mitchell Energy y Development Corporation, concibieron y desarrollaron rompedoras tecnologías. Estas y otras compañías similares fueron pioneras en el uso de la fracturación hidráulica para extraer petróleo y gas de formaciones de esquisto en Arkansas, Dakota del Norte, Pensilvania y Texas, desatando después una estampida de las compañías energéticas más grandes para hacerse también con su propio trozo del pastel en esas zonas. Para aumentar su participación, las firmas gigantes están devorando a las de tamaño pequeño y mediano. Entre las absorciones más destacadas tenemos la compra por ExxonMovil (propiedad de la familia Rockefeller) en 2009 de XTO por 41.000 millones de dólaresEsas transacciones ponen de manifiesto un rasgo especialmente preocupante de esta nueva era: el despliegue de fondos masivos por parte de las grandes de la energía y sus patrocinadores financieros para adquirir participaciones en la producción de formas no convencionales de petróleo y gas, con sumas que exceden enormemente las de inversiones comparables, tanto en el campo de los hidrocarburos como en el de las energías renovables

Para estas compañías está claro que la energía no convencional es el próximo ''boom'' y, al igual que las firmas más rentables de la historia, están dispuestas a gastar sumas astronómicas para asegurar que continúan siendo rentables. “Sin un esfuerzo que diseñe políticas concertadas” que favorezcan el desarrollo de las renovables, advierte Gordon en el Carnegie, las inversiones futuras en el campo energético “probablemente seguirán fluyendo de forma desproporcionada hacia el petróleo no convencional”Es decir, habrá una preferencia institucional cada vez más pronunciada entre las empresas energéticas, los bancos, las agencias crediticias y los gobiernos por la producción de combustibles fósiles de próxima generación, lo que aumentará la dificultad para establecer frenos nacionales e internacionales a las emisiones de carbono. Esto se hace evidente, por ejemplo, en el constante apoyo de la administración Obama a las perforaciones en mares profundos y al desarrollo del gas pizarra, a pesar de su pretendido ''compromiso'' con la reducción de las emisiones de carbono. Es igualmente evidente en el creciente interés internacional por el desarrollo de las reservas de petróleos pesados y esquistos bituminosos mientras van recortándose las inversiones en energías renovables.

Al igual que en los campos económico y medioambiental, la transición del petróleo y gas convencional al no convencional tendrá un impacto considerable, en gran medida todavía sin definir, en los asuntos políticos y militares. Las compañías estadounidenses y canadienses están jugando un papel decisivo en el desarrollo de muchas de las nuevas tecnologías a aplicar a los combustibles no convencionales; además, algunas de las reservas de gas y petróleo no convencionales del mundo están situadas en América del Norte. Todo esto sirve para reforzar el poder global de EEUU a expensas de otros productores energéticos mundiales como Rusia y Venezuela, que se enfrentan a la creciente competición de las compañías norteamericanas y de estados importadores de energía como China y la India, que carecen de recursos y tecnología para producir combustibles no convencionales

Al mismo tiempo, Washington parece inclinarse más por contrarrestar el ascenso de China a través del dominio sobre las rutas marítimas globales y de reforzar sus lazos militares con aliados regionales como Australia, India, Japón, Filipinas y Corea del Sur. Muchos factores son los que están contribuyendo a este cambio estratégico, pero, por sus declaraciones, está bastante claro que los altos funcionarios estadounidenses lo consideran en gran medida una consecuencia de la creciente autosuficiencia de EEUU en la producción energética y su precoz dominio de las tecnologías de última generación. “La nueva postura energética de EEUU nos permite enfrentar [el mundo] desde una posición de mayor fortaleza”, afirmó el asesor de seguridad nacional Tom Donilon en un discurso pronunciado en abril en la Universidad de Columbia. “Aumentar los suministros de energía estadounidense sirve de amortiguador para reducir nuestra vulnerabilidad ante las interrupciones del suministro global y nos permite presentar un pulso más firme en la búsqueda e implementación de nuestros objetivos internacionales de seguridad”. Aquí aclaremos que con ''objetivos internacionales de seguridad'', a lo que se hace referencia realmente es a ''objetivos internacionales de dominio imperial''

Mientras tanto, los dirigentes de EEUU pueden permitirse alardear de su “pulso más firme” en los asuntos mundiales porque ningún otro país posee las capacidades para explotar recursos no convencionales a tan gran escala. Sin embargo, al tratar de obtener beneficios geopolíticos de la creciente dependencia mundial de esos combustibles, Washington está invitando inevitablemente a que los demás contraataquen de diversas formas. Las potencias rivales, incrementarán sus capacidades para resistir frente al poder estadounidense; una tendencia ya evidente en la acelerada construcción naval y de misiles de ChinaAl mismo tiempo, otros Estados tratarán de desarrollar su propia capacidad para explotar recursos no convencionales mediante lo que podría considerarse una versión de la carrera armamentística en el terreno de los combustibles fósiles. Esto necesitará de considerables esfuerzos, pero esos recursos están ampliamente distribuidos por el planeta y, con el tiempo, aparecerán seguro otros productores importantes de combustibles no convencionales que desafiarán la ventaja de EEUU en este campo (incluso aumentando la resistencia y destructividad global de la tercera era del carbono). Tarde o temprano, gran parte de las relaciones internacionales girarán alrededor de estas cuestiones.

Sobreviviendo a la tercera era del carbono

A menos que se produzcan cambios inesperados en las políticas y conductas globales, el mundo va a depender cada vez más de la explotación de energías no convencionales. Esto, a su vez, implica el incremento en la acumulación de gases invernadero y muy pocas posibilidades de evitar el comienzo de catastróficos efectos climáticos . Sí, también seremos testigos del progreso en el desarrollo e instalación de formas renovables de energía, pero estás jugarán un papel subordinado frente al desarrollo del petróleo y gas no convencionales.

La vida no va a ser muy satisfactoria en la tercera era del carbono. Quienes confían en los combustibles fósiles para el transporte, la calefacción y usos similares quizá puedan consolarse con el hecho de que el petróleo y el gas natural no se van a agotar pronto, como muchos analistas de la energía predijeron en los primeros años de este siglo. Los bancos, las corporaciones de la energía y otros intereses económicos amasarán sin duda asombrosos beneficios de la explosiva expansión de las empresas dedicadas al petróleo no convencional y de los aumentos globales en el consumo de esos combustibles. Pero la mayoría de nosotros no vamos a sentir recompensa alguna. Bien al contrario. Tendremos que experimentar el malestar y sufrimiento que acompañan al calentamiento del planeta, la escasez de los disputados suministros del agua en muchas regiones y el destripamiento del paisaje natural.

¿Qué puede hacerse para acortar la tercera era del carbono y evitar lo peor de sus consecuencias? Exigir mayores inversiones en energía renovable es esencial pero insuficiente en un momento en que las potencias mundiales actuales están haciendo hincapié en el desarrollo de los combustibles no convencionales. Hacer campaña para frenar las emisiones de carbono es necesario, pero será indudablemente problemático, dada la inclinación cada vez más profunda de las instituciones hacia la energía no convencional. Además de esos esfuerzos, es necesario impulsar la divulgación de las peculiaridades y peligros de la energía no convencional y demonizar a quienes deciden invertir en esos combustibles en vez de en energías alternativas. En ese sentido, ya están en marcha diversos esfuerzos, incluidas las campañas iniciadas por estudiantes en EEUU para persuadir u obligar a los administradores universitarios a que desinviertan cualquier aportación a las empresas de combustibles fósiles. Sin embargo, esos esfuerzos son muy poca cosa aún para identificar y resistir frente a los responsables de nuestra creciente dependencia de los combustibles no convencionales.

A pesar de toda la charla del Presidente Obama sobre la revolución de la tecnología verde, seguimos profundamente atrincherados en un mundo dominado por los combustibles fósiles, y la única revolución verdadera que hay ahora en marcha implica el cambio de un tipo de esos combustibles fósiles a otro. Sin duda que es la fórmula ideal para la catástrofe global. Para poder sobrevivir a esta era, la humanidad debe ser muy consciente de las implicaciones de este nuevo tipo de energía y después dar los pasos necesarios para comprimir la tercera era del carbono y acelerar la Era de las Renovables antes de que nos extingamos a nosotros mismos de este planeta.

miércoles, 10 de julio de 2013

Sin agua = SIN VIDA


De todas las crisis sociales y naturales que debemos afrontar los seres humanos hoy en día, la de los recursos hídricos es la que más afecta a nuestra propia supervivencia y a la del planeta. Ninguna región del mundo podrá evitar las repercusiones de esta crisis que afecta a todos los aspectos de vida, desde la salud de l@s niñ@s hasta la alimentación de los seres humanos.

La sequía provoca efectos devastadores en los países que las sufren. Actualmente, muchos países tienen menos agua de la que necesitan. A principios del próximo siglo, una tercera parte de las naciones tendrá escasez de agua de modo permanente. La primavera es cada vez más pobre como consecuencia de la tala de los bosques y el cambio climático. Los lagos subterráneos, que datan de tiempos prehistóricos, se están agotando con rapidez.

El ser humano considera al suelo, que normalmente llama tierra, como algo muerto, donde puede colocar, acumular o tirar cualquier producto sólido o liquido que ya no le es de utilidad o que sabe que es tóxico. La humanidad obtiene la mayor cantidad de agua de los ríos, pero casi todos se encuentran inservibles a causa de la contaminación. El agua de mar desalinizada es una fuente potencial, aunque el costo del proceso es diez veces mayor.

La inercia política agrava la crisis del agua. La crisis mundial del agua cobrará en los próximos años proporciones sin precedentes y aumentará la creciente penuria por falta de agua en diversos países a lo largo y ancho del planeta tierra. Los recursos hídricos disminuirán continuamente a causa de la contaminación y del cambio climático.

La falta de consciencia sobre la magnitud del problema, la inercia de los dirigentes y las actitudes y conductas inapropiadas explican el deterioro progresivo de la situación y la razón de por qué no se adoptan las medidas que se necesitan.

A mediados del presente siglo miles de millones de personas sufrirán de escasez de agua en todo el mundo. Se calcula que un 20% del incremento de la escasez mundial de agua obedecerá al cambio climático. En las zonas húmedas es probable que las precipitaciones lluviosas aumenten, mientras que en muchas zonas propensas a la sequía, e incluso en algunas regiones tropicales y subtropicales, disminuirán y serán más irregulares. La calidad del agua empeorará con la elevación de su temperatura y el aumento de los índices de contaminación. Ya en los últimos años se ha evidenciado una importante disminución en su calidad. Y los más afectados siguen siendo las poblaciones económicamente más pobres, ya que el 50% de la población de los países mal llamados ''subdesarrollados'' está expuesta al peligro que representan las fuentes de agua contaminadas, a causa en gran medida de la instalación en nuestros países de empresas multinacionales occidentales altamente contaminantes.

Otros problemas muy importantes que se plantean son los de la calidad y la buena administración del agua. En el mundo hay más de 2,2 millones de personas que mueren cada año debido a enfermedades causadas por el agua potable contaminada y un saneamiento deficiente. Una gran proporción de esas muertes se debe a las enfermedades ocasionadas por el agua. Aproximadamente, un millón de personas muere de malaria cada año y más de 200 millones se ven aquejadas de esquistosomiasis, una dolencia conocida también con el nombre de bilharziosis. Todas estas terribles desgracias, así como los sufrimientos y pérdidas que entrañan, se pueden evitar.

Actualmente la industria utiliza el 22% del agua consumida en el mundo. En los países ''ricos'' ese porcentaje asciende a un 59%, mientras que en los países ''pobres'' sólo llega a un 8%. En el año 2.025 esa proporción alcanzará un 24%. Se calcula que para ese entonces se gastarán 1.170 km³ de agua anuales para usos industriales.

También existe el riesgo de privatizar la producción de agua potable, su distribución y fijación del precio. En esta situación son siempre las personas económicamente más pobres quienes más padecen, pues tienen menos acceso al abastecimiento de agua y deben pagar proporcionalmente más por él. Por ejemplo, en Nueva Delhi, India, el agua se vende a las personas más pobres a razón de 4,89 dólares por metro cúbico, mientras que las familias que poseen agua corriente a domicilio pagan solamente 0,01 dólares por la misma cantidad. En Vientiane, República Democrática Popular Lao, los vendedores cobran 14,68 dólares por metro cúbico, mientras que la tarifa municipal es de solamente 0,11 dólares.

Cuando faltan las infraestructuras y los servicios, las áreas urbanas que carecen de instalaciones para el suministro y el saneamiento de aguas constituyen uno de los entornos más peligrosos para la vida humana. Muy pocas viviendas en el mundo tienen desagües que vayan a parar al alcantarillado. La población económicamente pobre que vive esa situación en las ciudades es la primera víctima de las afecciones causadas por la falta de saneamientos, las inundaciones e, incluso, por las enfermedades causadas por el agua como la malaria, que se ha convertido en una de las principales causas de enfermedad y muerte en muchas áreas urbanas. Por otro lado, a medida que la demanda de agua aumenta, proliferan también los rumores sobre las guerras que pueden avecinarse debido a la falta de los recursos hídricos.

Más allá de las variadas causas que provocan la escasez y contaminación del agua a nivel mundial, la principal de todas tiene nombre y apellido propio: este sistema tremendamente destructivo en el que vivimos llamado capitalismo y su modelo de economía y ''desarrollo'' tan destructivo como su padre: el neoliberalismo. Mientras se mantengan en pie, seguiremos hablando de cambio climático, crisis del agua, crisis de la alimentación, destrucción del medio ambiente y un largo etc. Apostar a un desarrollo alternativo debe ser el objetivo de toda la humanidad: a un sistema (o varios) que se base en el cooperativismo, la soberanía alimentaria, la agricultura orgánica, el multiculturalismo, uno que considere al medio ambiente, a la madre tierra un sujeto de derecho y no un bien de consumo y muchas otras opciones de ser y hacer en el mundo totalmente diferentes y contrarias al capitalismo.  

sábado, 30 de julio de 2011

II Encuentro Continental de Formadores y Formadoras en Agroecología



Productores agroecológicos campesinos, se dan cita desde el pasado 27 de julio en Chimaltenango, Guatemala, en su II Encuentro Continental de Formadores y Formadoras en Agroecología de La Vía Campesina.

Rafael González, Carmen Cumes y Luisa Xinico, de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (Cloc), dieron a conocer la actividad y explicaron que analizarán y reflexionarán sobre "los otros caminos que existen frente a la producción de monocultivos que impulsan los agronegocios, que intoxican el ambiente y por ende destruyen nuestro planeta".

En este encuentro, en el que participan campesinos que practican la agroecología de Centro, Norte y Sur América, buscan reflexionar en qué consiste esta actividad y los beneficios de esta forma ancestral de producción. "Se practica pero no se conoce, hay muchas comunidades que lo llevan a cabo, pero no le dan la importancia que se merece", expresó Xinico.

González indicó que los participantes explicarán su experiencia y harán análisis sobre cómo hacer para producir y contribuir al enfriamiento del planeta como respuesta verdadera a la crisis climática.

González explicó que la agroecología es una práctica y concepción ancestral, "culturalmente generada, socialmente justa, ecológicamente sana y una alternativa ante la agricultura industrializada que concentra y despoja tierras, expulsa comunidades campesinas e indígenas de sus territorios, enriquece a las empresas de agroquímicos y genera dependencia de los países hacia las transnacionales de la alimentación y mercado, mientras el hambre y la desnutrición crecen en todo el mundo".

Según González la tierra dedicada a monocultivos como el de piña, caña de azúcar, soja o palma aceitera, requiere 50 años, con tratamiento, para que se recupere y vuelva a producir maíz y frijol, base de la dieta popular en la mayoría de los países centro y sudamericanos.

La federación internacional La Vía Campesina ha realizado en Sudamérica, Asia y África, encuentros de similares proporciones, discutiendo sobre las políticas neoliberales y su impacto en la agricultura indígena y campesina y concluyendo en la necesidad de posicionar la agroecología en el escenario político, social y económico, pero también difundir la practica existente en las comunidades rurales del mundo.

En Chimaltenango, Guatemala, surge la metodología de “campesino a campesino”, que permite que las experiencias y conocimientos puedan compartirse entre campesinos y campesinas.

Con este encuentro se espera construir articulaciones a partir del intercambio de experiencias de las organizaciones de la CLOC - Vía Campesina con el fin de fortalecer el impulso de la agroecología como alternativa ante la agricultura excluyente que promueve el capitalismo.

En entrevista en el programa Voces de Mujeres de Radio Universidad, Marta Julia Gabriel del equipo de trabajo del Encuentro dio detalles del mismo. Entre otros aspectos, refirió que el hablar de agroecología es un tema amplio que requiere de un cambio social para que las generaciones actuales y futuras consuman productos saludables libres de químicos que son dañinos para la salud humana y la sustentabilidad de la tierra y el agua.

jueves, 30 de junio de 2011

''Pisar en firme, pisar en tierra''



Al concluir el Coloquio Internacional sobre la crisis climática: De Cancún a Durban y Río + 20, organizado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC), en México, movimientos sociales y redes civiles del Continente Americano y Europa denunciaron la irresponsabilidad y negligencia de los gobiernos de los países más ''industrializados'' y las instituciones internacionales por haber subordinado la defensa de los Derechos Fundamentales de los Pueblos a los intereses económicos y comerciales privados de las corporaciones transnacionales.
En las conclusiones del coloquio, que se llevó a cabo los días 20 y 21 de junio en el Museo de la Ciudad de México, también acusaron de la complicidad a los gobiernos y de no aportar soluciones reales al cambio climático, y exigieron que el Banco Mundial quede excluido totalmente del financiamiento de las medidas destinadas a frenar el calentamiento global y "que no generen nuevas deudas financieras".
"El coloquio también ha desenmascarado las falacias de la economía verde que nos hablan de escenarios de crecimiento económico infinito que en términos materiales, creemos, son absolutamente imposibles", señala otro punto de las conclusiones.
En primera instancia Loyda Olivo, de la Confederación Nacional de Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras del Ecuador e integrante de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones Campesinas que es parte de La Vía Campesina, destacó el interés por trabajar en este tema que a todos los acongoja y nos debe juntar en función de que los afectados somos nosotros mismos. Por tanto trabajar por un clima mejor, es trabajar por la vida.
Tras referirse a la asistencia al Coloquio de integrantes de organizaciones sociales de diferentes países de Centro y Sudamérica, así como de Europa, Olivo hizo un balance de lo que fue la cumbre sobre cambio climático en Cancún 2010 (COP 16). Entre las dos visiones, indicó está la versión oficial que ubica como "positivos avances" los acuerdos tomados entre las partes, pero éstos se basan en insuficientes concesiones de los gobiernos de los países económicamente más poderosos, las que se ven como irrisorias medidas de mitigación.
Hizo notar que para los movimientos sociales, el balance no es favorable en la lógica de que no sentimos que sean avances, ya que los acuerdos tomados no tienen carácter vinculante. Es decir, no tienen obligatoriedad para las partes. Además, explicó, los límites establecidos para la disminución de emisiones de gases de efecto invernadero son laxas y voluntarias, y tanto las promesas como los financiamientos acordados son insuficientes comparados con las grandes dimensiones de la crisis climática.
En segundo lugar los espacios de participación siguen siendo no adecuados, ya que se han centrado en actividades exclusivamente informativas. "Una cosa es que se te informe, y otra que se abran espacios de consulta y participación en la toma de decisiones. Si los pueblos somos los más afectados por los impactos del cambio climático, con mucha fuerza, firmeza exigimos ser consultados e incluidos en la de toma de decisiones en la construcción de alternativas de solución frente al cambio climático".
Loyda Olivo llamó a los movimientos a juntar fuerzas e ideas para, conjuntamente, accionar en la consecución de las soluciones reales y verdaderas para darle con fuerza a este problema, que es asunto de todos y de todas; que afecta con más furia a los campesinos y las campesinas, a los sectores rurales de todos los países. Y a los gobiernos los exhortó a tomar más conciencia, porque nos toca hacer alianzas tanto políticas como económicas. "Pisar en firme, pisar en tierra. Es tiempo de diálogo apoyado de muchas acciones positivas", terminó.
Por su parte Brid Brennan, del Transnacional Institute de Holanda, abordó el estado actual de las negociaciones oficiales sobre del cambio climático. Calificó de muy seria la cuestión del cambio climático, al tiempo de advertir sobre el poder destructivo que las empresas transnacionales europeas provocando violaciones a los Derechos Humanos en América Latina y África fundamentalmente.
Sostuvo que los resultados de Cancún y las negociaciones ya realizadas en Bangkok (Thailandia) y Bonn (Alemania), a lo largo de este año, permiten estimar que, no va a salir ningún acuerdo para frenar el cambio climático. "Tampoco los países más industrializados desarrollados van a aprobar el segundo periodo de compromiso del Protocolo Kyoto ni comprometerse a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero", subrayó.
Enfatizó que las corporaciones transnacionales, que son las más responsables por el calentamiento global y por la expoliación de los recursos naturales de los territorios del Sur global, como en México, y las instituciones financieras internacionales, como el Banco Mundial, han secuestrado las negociaciones del clima.
Brennan también dejó claro que frente a la complicidad de los gobiernos y de no aportar soluciones reales para frenar el cambio climático, estos consiguen promover soluciones basadas en el mercado que se van tornando constantes en los resultados de las negociaciones, intensificando los efectos del cambio climático y los impactos negativos al planeta y a los pueblos"Denunciamos la irresponsabilidad y negligencia de los gobiernos de los países más industrializados y las instituciones internacionales por haber subordinado la defensa de los Derechos Fundamentales de los Pueblos a los intereses económicos y comerciales privados de las corporaciones", concluyó Brennan.
Especificó que la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático promueve en algunos casos políticas tan negativas como los propios impactos del calentamiento global como, por ejemplo, con los mecanismos de ''desarrollo limpio'' (MDL) o los mercados de carbono, que en el caso de México suponen violaciones a los Derechos Humanos por parte de empresas energéticas y de construcción europeas como Iberdrola, Enel/Endesa, FCC con megaproyectos eléctricos.
"Estamos en una grave crisis global. Estamos también, sin duda, en una era del gran poder de las corporaciones. Nuestro gran desafío, que no es fácil, es retomar y reclamar la agenda oficial y las iniciativas de construir nuestro poder y fuerza desde abajo y mostrar sobre el clima que frente a este modelo neoliberal y destructivo, hay alternativas. Este es el mensaje que voy a compartir con nuestras redes, organizaciones y movimientos sociales en Europa", abundó Brid Brennan.
A su vez Rossan Bertoti, de la Central Unitaria de Trabajadores de Brasil, se refirió también a las negociaciones oficiales por cuanto corresponde a la reunión de Durban (Sudáfrica) y Río + 20. Propuso un proceso desde abajo, desde los pueblos, aprendiendo de lo local y de manera participativa que presione por medio de la movilización y en diálogo con los gobiernos ''progresistas'' para obtener resultados concretos.
En ese sentido, dijo, ''consideramos muy importante para los movimientos los eventos que se van a desarrollar en los próximos meses, comenzando por la celebración de las negociaciones ''oficiales'' de Naciones Unidas en torno al cambio climático (COP17) que se celebran entre noviembre y diciembre en Durban, Sudáfrica'', agregó Bertoti. Asimismo la realización de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable (Rio+20) que se celebrará en Río de Janeiro, Brasil, en junio de 2012.
''Persistimos en la construcción de un movimiento mundial, tal y como se recoge en el Acuerdo de los Pueblos de la cumbre celebrada en Cochabamba (Bolivia) en abril de 2010, y apoyamos la celebración de una segunda Cumbre Mundial de los Pueblos en Defensa de la Madre Tierra. Simultáneamente respecto de los procesos y eventos oficiales, seguiremos luchando tanto a nivel global como local por la justicia climática, como parte de los cambios sociales que exige la situación de crisis global que vivimos'', sentenció Bertoti.
En su turno Luis Vitor, de la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI), señaló que "una primera consideración que tenemos es que no podemos confiarnos de las negociaciones internacionales sobre el cambio climático, porque los gobiernos que más han contribuido con el calentamiento global se han plegado totalmente a los intereses neoliberales de los mercados financieros y no han, hasta ahora, mostrado ninguna voluntad política para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero", para frenar el calentamiento global. Y agregó: "Por eso llamamos a los pueblos del mundo a aumentar la presión tanto en el nivel local como en el nivel nacional, para frenar la crisis ambiental y climática que vivimos actualmente. Demandamos a los gobiernos, que nos devuelvan a los ciudadanos poder para participar y contribuir a una transición justa, ordenada y consensuada de los conflictos, desequilibrios e impactos que vivimos a consecuencia del actual modelo de producción y consumo".
Asimismo, agregó Luis Vitor, "exigimos a los gobiernos a que consensuen en la próxima conferencia de partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático a realizarse en Durban, Sudáfrica, a lograr un acuerdo justo, ambicioso y vinculante bajo los principios de la justicia climática que defendemos los movimientos populares y las organizaciones sociales a nivel mundial''"Por lo mismo, consideramos que un acuerdo en Durban debe incluir el compromiso de los países más contaminantes de reducir sus emisiones por lo menos en un 40 por ciento para el año 2020, en relación con sus cifras de 1990. Los países más contaminadores también deben aportar un 6 por ciento de su producto interno bruto a un fondo global de lucha contra el cambio climático y que se aplique un impuesto a las transacciones financieras internacionales para aportar a este fondo", destacó Vítor.
"En este mismo sentido exigimos que el Banco Mundial quede excluido totalmente del financiamiento de las medidas para frenar el calentamiento global y que no generen nuevas deudas financieras, así como que sean las comunidades más afectadas quienes decidan sobre el reparto justo de estas reparaciones de la deuda climática de los países enriquecidos a los países menos responsables por el calentamiento global''
"El coloquio también ha desenmascarado las falacias de la economía verde que nos hablan de escenarios de crecimiento económico infinito que en términos materiales, son absolutamente imposibles. No creemos en falsas soluciones como Reducción de Emisiones por Deforestaciòn y Degradaciòn de Bosques (REDD o REDD Plus) que solo causarían el desplazamiento de campesinos e indígenas de sus territorios. En cambio reivindicamos políticas públicas basadas en la justicia social y ambiental, en la cooperación y en la defensa de los servicios y bienes públicos", manifestó el líder de la CAOI.
"Apoyamos políticas que crean millones de empleos dignos con programas de lucha contra el cambio climático y la pobreza. Asimismo en la recuperación de los ecosistemas destruidos y la biodiversidad. Apoyamos las políticas que recuperen la relación recíproca de la humanidad con la naturaleza, tal como lo plantean los pueblos indígenas. Reafirmamos nuestro llamado a los movimientos sociales a construir la unidad en la diversidad y saludamos la articulación que han tenido para organizar coloquio. Creemos firmemente que estas perspectivas que planteamos nosotros y que hemos compartido en estos días, solo serán posibles si todos y todas caminamos juntos", reiteró Luis Vitor.
Para terminar, el Secretario Técnico de RMALC, Marco Antonio Velázquez subrayó que el coloquio fue organizado por la Universidad Autónoma Metropolitana y la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio con la colaboración de una gran cantidad de redes sociales internacionales y organizaciones sociales.
"El objetivo de este coloquio fue el de promover en la opinión pública en México, la preocupación sobre este gravísimo problema. Pensamos que es necesario que más gente esté enterada, informada de las consecuencias que está trayendo este problema global, pero también que conozca cuáles son las causas, cómo se relaciona este problema del cambio climático con la vida cotidiana en las comunidades rurales, también en las grandes ciudades, como la bella ciudad de México", dijo.
Agregó Velázquez: ''esperamos haber logrado el objetivo que a partir de este coloquio continúen la relación y profundicen los acuerdos y alianzas entre redes sociales que en todo el mundo estamos trabajando para frenar este fenómeno, organizaciones sindicales, campesinas, indígenas, de mujeres, de todos los sectores sociales porque nos afecta a todas/os el cambio climático''.
"Sabemos - aclaró Velázquez Navarrete - que a partir de este coloquio hemos dado un paso más para avanzar en estas alianzas. Además buscamos vincularnos a la academia. Necesitamos profundizar la relación entre los profesores, los estudiantes, las organizaciones sociales y las redes internacionales que están luchando contra el cambio climático", animó a los participantes.
Dirigentes y representantes de las organizaciones y redes Internacionales participantes
Red Brasileña por la Integración de los Pueblos, Ecologistas en Acción de España, Fronteras Comunes de Canadá, Unión Nacional Ecológica Salvadoreña de El Salvador-integrante de la Campaña Mesoamericana por la Justicia Climática, Alianza Social Continental fundamentalmente de su Secretaría Continental que ocupa la Red Colombiana Frente al Libre Comercio (RECALCA) con sede en Bogotá, Coordinadora Internacional Jubileo Sur, Fundación Heinrich Böll-Oficina Regional para México, Centroamérica y El Caribe, Oxfam México, Central Sindical de Trabajadoras y Trabajadores de las Américas (CSA), Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas , Fenosin, CLOC-Vía Campesina de Ecuador, Transnacional Institute con sede en Amsterdam que es una de las principales organizaciones promotoras de la Red Birregional "Enlazando Alternativas" (que reúne redes sociales de Europa y América Latina), Grasnus Global Justice de Estados Unidos, Movimiento Social Boliviano.
Redes y Organizaciones mexicanas participantes 
Otros Mundos de Chiapas (referente Amigos de la Tierra en México), Red Mocaf, Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Istmo de Oaxaca (integrante de la Alianza Mexicana por la Autodeterminación de los Pueblos), Movimiento Urbano Popular de la Convención Nacional Democrática, Frente Democrático Campesino de Chihuahua, Greenpeace México, Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo, Colectivo Ecologista de Jalisco, Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa La Parota de Guerrero, Red Mexicana de Afectados por la Minería (representaciones de Chiapas, Distrito Federal y San Luis Potosí), Red la Vida de Veracruz, Red por la Justicia Climática de Tabasco, Red de Género y Economía, Unión Popular Valle Gómez (DF), Movimiento Agrario Indígena Zapatista (representaciones del DF, Puebla y Oaxaca), Frente Auténtico del Trabajo, Sindicato Independiente y Democrático de Trabajadores de Pesca y Acuacultura.

jueves, 14 de abril de 2011

''Es como ponerle una etiqueta con precio a nuestros bosques''



El mecanismo de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los bosques en los países en desarrollo (REDD) fue introducido recientemente en Nigeria por parte del gobierno y apunta a situarse sobre áreas forestales ricas en biodiversidad y recursos naturales, sin que las comunidades que dependen de esos bosques tengan la información suficiente a nivel ''oficial'' en lo que respecta a cómo les afecta ese mecanismo.
Atraído por el financiamiento que tiene este mecanismo, el gobierno de Nigeria le está diciendo a las comunidades, que han dependido de los bosques por años, que REDD es una forma de desarrollo y que van a ser compensadas de alguna forma, pero que ya no pueden depender de los bosques. Así lo explicó en entrevista con Radio Mundo Real, Rita Osarogiagbon, integrante de Environmental Rights Action, el grupo nigeriano de la federación ambientalista Amigos de la Tierra Internacional.
Asimismo, la activista se refirió al papel que juegan en el apoyo a REDD empresas de historial problemático en lo que refiere al cuidado del medio ambiente, como la gigante petrolera Shell, que ha sido duramente criticada por la contaminación causada en Nigeria, particularmente en el Delta del Níger, tema del que ya hemos hablado en diversas ocasiones.
Environmental Rights Action se ha preocupado de denunciar estos mecanismos y las prácticas dañinas con el medio ambiente que acarrean tanto éstos como las empresas que los promueven, en un proceso que a la vez ha buscado hacer que los miembros de las comunidades afectadas conozcan sus derechos para poder ejercerlos.
El grupo ha promovido la realización de talleres y foros que permitan a las comunidades tener las herramientas necesarias para cuestionar estos proyectos, lo que les da la posibilidad de realmente tener la opción de rechazar estas políticas que no los favorecen y que perjudican tanto a las comunidades como al ambiente.
En la entrevista, la activista resaltó los problemas ambientales que ha tenido la aplicación del mecanismo de REDD y REDD Plus en otras partes del mundo, ya que ha suplantado a los bosques por plantaciones, no por un objetivo relacionado con el bien común sino atendiendo a la voluntad del lucro privado.
“Es como ponerle una etiqueta con el precio a nuestros bosques y sus recursos”, sentenció Osarogiagbon, indicando a su vez que estaban a favor de la conservación de éstos, pero no de su inclusión en los mercados de carbono, ya que ésta no era una solución real al cambio climático, sino que simplemente generaba más ganancias a quienes contaminan.

martes, 5 de abril de 2011

Fukushima marca una ''Edad de Hielo Nuclear''



La era del renacimiento nuclear se acabó. El shock de Fukushima marca el comienzo de la “Edad de Hielo nuclear”.
 
La actual crisis nuclear en la planta Fukushima Daiichi de Japón después de un terremoto y un tsunami está causando revuelo en la política energética de casi todos los países que utilizan energía nuclear. Las repercusiones de Fukushima se sienten con fuerza dentro y fuera del país, tal como las réplicas siguen sintiéndose en el norte de Japón, incluido Tokio.

Hay 432 plantas nucleares que operan en 30 países en todo el globo y 66 reactores en construcción. El primer ministro Naoto Kan dijo el jueves pasado que revisará desde los cimientos el plan del gobierno de construir por lo menos 14 reactores nucleares más hasta 2030, mientras Japón se apresura a superar su peor crisis nuclear.

En EE.UU., la posición pro nuclear del presidente Barack Obama es objeto de escrutinio. Sus planes de seguir adelante con más plantas nucleares en en país se enfrentan a una oposición cada vez mayor. EE.UU. tiene 104 reactores nucleares comerciales, la mayor cantidad del mundo. De estos, 23 se construyeron con un diseño idéntico al de los reactores nucleares estropeados de Fukushima. Todos utilizan el “sistema de contención Mark I”, diseñado por General Electric hace décadas.

ABC News New York Times, entre otros medios, informaron el mes pasado de que los expertos habían criticado desde hace tiempo la capacidad de ese sistema de contención de resistir a los problemas que resultan de lo que ''expertos'' nucleares llaman un “apagón de estación”, en el que la pérdida total del sistema eléctrico inhabilita el sistema de refrigeración del reactor. Esta perspectiva del “apagón de estación” tuvo lugar por desgracia cuando un gran tsunami destruyó todos los sistemas eléctricos de emergencia en la planta de Fukushima.

En Alemania, el shock de Fukushima obligó a la canciller Angela Merkel a cambiar su posición pro nucleares. Suspendió los planes del gobierno de alargar la vida de las 17 plantas nucleares de la nación hasta que se complete una exhaustiva investigación de tres meses de duración de la seguridad de los reactores. También ordenó el cierre de las siete plantas que iniciaron sus operaciones antes de 1980.

El presidente francés Nicolas Sarkozy también se enfrenta al asunto. Francia tiene 59 reactores nucleares, cinco más que Japón. Debido al apoyo del sector público y privado, la energía nuclear abastece actualmente casi un 80% del suministro de energía eléctrica. Es la mayor dependencia del mundo de la energía nuclear que sobrepasa el 29% de Japón, el 20% de EE.UU. y el 18% del Reino Unido. Para Francia, los reactores nucleares, el combustible y los servicios constituyen una exportación importante.

Por eso Sarkozy y Areva NC, el gigante francés de la energía nuclear, aumentan su ayuda para enfriar los reactores de Fukushima y para encontrar una solución para el agua contaminada que se filtra de la instalación nuclear averiada. Bajo la bandera ''humanitaria'', se trata de controlar los daños para los negocios franceses.

Sarkozy y el primer ministro japonés, Naoto Kan, dijeron el jueves pasado que la próxima reunión del Grupo de Ocho de los países industrializados el 26 y 27 de marzo considerará el tema de la seguridad nuclear global y discutirá la necesidad de un estándar de seguridad global para plantas nucleares.

El shock de Fukushima también causa interferencia extranjera en asuntos internos. El presidente griego, Karolos Papoulias, instó el pasado mes a la vecina Turquía a que reconsidere sus planes de construir sus primeras estaciones de energía nuclear.

En Corea del Sur, el debate se ha concentrado en un “acuerdo de cooperación nuclear” con EE.UU., que debe expirar en 2014, que prohíbe que Corea del Sur posea instalaciones de reprocesamiento de combustible nuclear usado. Corea del Sur tiene actualmente 20 reactores nucleares y la energía nuclear produce cerca de un 40% de la electricidad del país. El mayor problema de Seúl es que a sus plantas de energía nuclear se les acaba el espacio para almacenar combustible nuclear usado. Se dice que Corea del Sur probablemente establecerá instalaciones provisionales de almacenamiento, pero el asunto volverá convertirse en un tema importante a medida que se aproxime el fin del acuerdo. 

Y la lista suma y sigue. Exportadores de plantas de energía nuclear como EE.UU., Francia, Canadá, Rusia, Japón y Corea del Sur se ven ante una contracorriente importante. El “renacimiento nuclear disminuirá”, dijo el viernes a Asia Times Online Tetsuya Endo, ex gobernador del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). “Si ocurre algún accidente nuclear en cualquier parte del mundo, se convierte en un accidente de todo el globo”.

Amplia revisión del ciclo de combustible nuclear de Japón

Japón vive una gran ironía de la historia. El único país del mundo que ha sufrido a causa de bombas atómicas se enfrenta ahora a un desastre nuclear causado por la naturaleza. La situación en la planta nuclear sigue siendo precaria, mientras los ingenieros de la planta, miembros de las Fuerzas de Autodefensa (SDF), los bomberos y la policía continúan sus desesperados esfuerzos por enfriar los reactores sobrecalentados y el combustible usado. Incluso si el país logra controlar la planta, emocionalmente el público recelará para siempre de la energía nuclear.

El pueblo japonés ya se mostraba extremadamente susceptible con respecto a todo lo nuclear por ser el único país en la historia humana que fue atacado con armas nucleares. Las generaciones mayores especialmente tienen una “alergia nuclear” después del bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki y no es para menos. Sus recuerdos de las bombas atómicas siguen vivos.

A pesar de este resentimiento hacia la tecnología nuclear, Japón expandió la generación de energía nuclear después de los dos shocks del petróleo de los años setenta, que sacaron a la luz la fuerte dependencia que tenía Japón de Medio Oriente para recursos energéticos. El petróleo suministraba en 1970 cerca de un 60% de toda la electricidad de la nación, pero ahora sólo provee cerca de un 10%. Japón importa casi el 99% de su petróleo. 

La planta de Fukushima se dejará sin servicio activo y es probable que ningún gobierno local o comunidad acepte la construcción de una nueva planta de energía nuclear en su zona. El accidente de Fukushima será un fuerte revés para el ciclo de combustible nuclear de Japón, dijo Endo. El ciclo de energía nuclear comienza con la extracción de uranio y termina con la eliminación de los desechos nucleares. Con el reprocesamiento del combustible usado, las etapas forman un verdadero ciclo. Japón ha implementado este programa desde 1956, según Endo.

Sin embargo, la nación no ha logrado ubicar un lugar para la segunda planta de reprocesamiento nuclear después de la Planta de Reprocesamiento Rokkasho de la prefectura Aomori, que logró escapar indemne del terremoto del 11 de marzo.

Takashi Hirose, un conocido escritor japonés sobre problemas nucleares, ha señalado que hay cerca de 3.000 toneladas de combustible nuclear radioactivo usado almacenados en Rokkasho que podrían sobrecalentarse y comenzar a arder si fallan los sistemas de refrigeración. Esa cantidad podría propagar contaminación nuclear o “cenizas de muerte” a todo el mundo, dijo.

* Fuente Original: http://www.rebelion.org/.

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