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jueves, 21 de octubre de 2010

A no confundir: Ya están modificando el clima artificialmente

Relacionado al tema de la geoingeniería, tratado en la publicación anterior, aparecen las chemtrails. Como primera aclaración, debemos decir que éstas no deben ser confundidas con las estelas de condensación o Contrails. Para aclarar esta ''confusión'', pasaremos a explicar que son unas y otras y profundizaremos en la geoingeniería. 

Estelas de condensación o Contrails





Las estelas de vapor, estelas de condensación o Contrails, son líneas visibles de agua condensada proveniente del escape de los gases que produce la combustión en motores de avión. Los gases calientes del escape se enfrían al contacto con el aire circundante, pudiéndose transformar en una nube de pequeñas gotas microscópicas y si el aire esta suficientemente frió se formara una nube de minúsculos cristales de hielo. Se puede apreciar fácilmente en los coches de calle, también producen condensación de agua en sus escapes y no es raro ver como caen unas gotitas de agua de vez en cuando. Aunque es evidente que nos encontramos con diferentes condiciones de temperatura presión, combustión y formas diferentes de emisión de gases. No debemos olvidar que los aviones son un medio de transporte, donde no se regulan las emisiones o son prácticamente de broma, frente a un constante aumento en la cantidad de vuelos.

También podemos apreciar unas líneas blancas que se producen al final de las alas y alerones de los aviones, llamadas wingtip vortices, pero no deben confundirse con los Contrails producidos por combustión. Son unos remolinos acescentes que se forman al final del ala. El giro a altas velocidades produce bajas presiones en su interior. Se hacen visibles cuando condensan el vapor de agua que hay en el aire por sus condiciones de presión (como lo hace un huracán).

Los principales productos resultantes de la combustión de hidrocarburos son el dióxido de carbono y el vapor de agua. A grandes altitudes el de vapor de agua surge en un ambiente frío, este aumento local puntual de vapor de agua en el ambiente (humedad relativa), puede empujar el contenido de agua del aire hasta un punto de saturación o punto de rocío (saturación de humedad del 100%). El vapor es condensado entonces en diminutas gotas de agua o cristales de hielo y "en ambas dos". Se producen entonces millones de gotitas de agua o cristales de hielo (según la temperatura) que forman los caminos de vapor en el cielo o contrails. La pura transformación del vapor emitido tras los motores de un avión en contrail, se ve condicionada, a los factores de todo movimiento.

Las estelas de vapor "normalmente" se forman por encima de 8.000 metros (26.000 pies). Cuando la temperatura está por debajo de -40 ° C. La mayor parte del contenido de la ''nube'' proviene del agua atrapada en el aire circundante. A gran altura, el vapor de agua enfriado, requiere un disparador para propiciar su salida y la condensación en forma de contrail. El dispositivo de escape del avión actúa como este, ayudando a su vez, que el vapor se convierta rápidamente en cristales de hielo. Casi siempre, pero no siempre estas y otras condiciones facilitan la formacion de Contrails.


Estelas químicas o Chemtrails

Normalmente, Chemtrails y Contrails, tienden a ser ''confundidos''. Dependiendo a cual de las dos se quiera desacreditar, es que se engloba a una dentro de la otra como si fueran lo mismo. Pero la realidad es que las dos existen y son cosas diferentes. Las estelas de vapor se dan ''naturalmente'' por las condiciones químicas que viéramos anteriormente y las estelas químicas, son provocadas artificialmente. Pasemos ahora a hablar de estas últimas.   

Las chemtrails son un fenómeno que consiste, en que algunas estelas de condensación (o de vapor) dejadas por aviones no son tales, sino que en realidad están compuestas por productos químicos. La verdadera naturaleza de las chemtrails es conocida por sólo unos pocos y su objetivo sería causar daños de algún tipo a la población.

Chemtrail es una abreviación del inglés chemical trail, que traducido literalmente significa estela química. El vocablo fue utilizado por vez primera por el periodista William Thomas en 1999, aunque la primera descripción del fenómeno data de 1997, por Richard Finke. No debe confundirse este término con la dispersión de sustancias químicas para fines reconocidos (fumigación, exhibiciones aéreas, etc.), las cuales no dejan de ser agresivas para la salud humana y el medio ambiente en general. 

Existen algunas hipótesis sobre su propósito: control del clima (para mitigar los efectos del ''cambio climático'', o tal vez para provocarlos), usos militares, comunicaciones, radar, guerra biológica/química, propagación de enfermedades.

Existen a su vez, las siguientes evidencias:

- Tiempo de permanencia: El tiempo que permanecen en el aire los chemtrails excede ampliamente el de las estelas de condensación, llegando a persistir durante horas. Para los defensores de esta teoría, las estelas que duran mucho tiempo son necesariamente chemtrails. 

- Inexistencia del fenómeno antes de los años 90: Se asegura que este fenómeno aéreo ha aparecido a partir de los años 90, mostrando claras diferencias respecto a las estelas de condensación y las nubes normales.

- Chemtrails a baja altura: las estelas de condensación aparecen, salvo cuando el aire es muy frío, a alturas superiores a los 8.000 metros, como se dijera anteriormente, sin embargo las chemtrails se avistan a alturas inferiores considerablemente inferiores, por lo que no se podría tratar de simples contrails.

- Existencia de documentos sobre armas experimentales: En el Space Preservation Fact del 2001 aparece un listado de “armas exóticas” que deben ser prohibidas entre las que se encuentran las chemtrails. También existen documentos que demuestran el interés de los militares por controlar el clima. Esto es interpretado como una prueba de que dichas armas existen.

- Oscurecimiento global: Existe interés en estudiar el efecto de las estelas de condensación en el clima y el ''cambio climático''. Debido a que las estelas dificultan la llegada de la luz del Sol, se considera que podrían tener efectos mitigadores en el calentamiento terrestre (a este efecto se le llama oscurecimiento global). La existencia de este interés demostraría que las chemtrails forman parte de un programa de modificación del clima.

- Patrones en el cielo: Los chemtrails crean en ocasiones patrones en el cielo (líneas paralelas, líneas que se cruzan, etc.). Esto es interpretado como prueba de que se pretende que el chemtrail cubra una gran área. Asimismo (como podrán observar en los videos), los aviones rociadores vuelan de maneras muy particulares, completamente diferentes a que si fuera un simple avión de pasajeros. Asimismo, en algunos lugares se utiliza más de uno volando al mismo tiempo.  

- Aparición de enfermedades: Se han apuntado la aparición de nuevas enfermedades tras el surgimiento de los chemtrails, lo que constituiría una prueba de que forman parte de un programa de genocidio de la población

- Detección de olores y sustancias: Se han detectado olores tras la fumigación, con lo cual se estaría comprobando, en parte, la utilización de productos químicos. Asimismo, se ha detectado bario y aluminio en muestras del suelo tras aparecer chemtrails, así como bacterias.

- Existencia de coloración en las nubes: Las nubes deben ser de color blanco, la existencia de nubes de colores se considera prueba de que están formadas por productos químicos.

- Activación y desactivación del chemtrail: Se interpreta que no pueden ser estelas de condensación, ya que no resulta creíble que zonas cercanas de la atmósfera presenten condiciones tan dispares.

- El chemtrail no sale de los motores del avión: Si se tiene en cuenta que las estelas de condensación salen de los motores de la aeronave, la existencia de estelas que no salgan de ellos constituye una prueba de que no son tales y esto es lo que ocurre cuando se rocían Chemtrails.

- El avión no es visible al radar: ''Extraño'', pero cierto. Los aviones rociadores de Chemtrails, no logran ser detectados por los radares. 

Sobre el final de esta publicación, les dejamos dos videos que muestran el rociamiento de Chemtrails; uno en Yucatán, México (agosto de 2010) y el otro que muestra imágenes de York, Nueva Jersey y Pensilvania, en Estados Unidos (primavera de 2010). Las estelas químicas se desprenden de algo mayor: la Geoingeniería. A continuación, ampliaremos sobre este tema. 

Geoingeniería





La ingeniería atmosférica o geoingeniería, que busca alterar artificialmente el clima de la Tierra y reducir así el ''calentamiento global'', tiene sus seguidores, pero los científicos advierten sobre este nuevo campo de investigación y sus posibles riesgos. Asimismo, de esta primera afirmación de reducir el ''calentamiento global'' y teniendo en cuenta algunas teorías de conspiración, podemos arribar a una primera conclusión: el ''cambio climático'' es un instrumento para distraer la atención de lo que realmente está en juego, que sería el control de la población mundial y la geoingeniería (con la que se controla el clima), sería un paso muy grande hacia ello. Tal vez, una prueba contundente sería que uno de los empresarios que ha apoyado estos métodos es Bill Gates (''donó'' 4,5 millones de dólares), conocido eugenista (ver nuestra publicación del día 13 de octubre de 2010, Grupo Bilderberg 3: Eugenesia). 


Volviendo al tema específicamente, "la ingeniería climática a gran escala nunca se ha probado y puede ser peligrosa, pero su potencial técnico existe", dijo David Keith profesor de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Calgary en Canadá.

La geoingeniería se basa en el principio de que hacer ajustes a la atmósfera, con técnicas como la producción de aerosoles estratosféricos de azufre o la modificación de la reflectividad de las nubes, podría reducir las temperaturas globales. "Debemos evitar precipitarnos y pretender que sabemos arreglar la mecánica atmosférica", señaló James Fleming, profesor de ciencias en el Colby College en Maine (noreste de Estados Unidos), para quien la geoingeniería no es una panacea contra la acumulación de las emisiones de gases de efecto invernadero, sino sólo un medio para minimizar sus efectos.

Uno de los métodos ''preferidos'' por los geoingenieros, es la “fertilización” de los océanos con hierro, para que absorban grandes cantidades de CO2 y el “sembrado” de partículas especiales en la atmósfera, para que dispersen un porcentaje importante de la radiación solar que recibe el planeta. Pero, si esto fallara la situación climática empeoraría considerablemente, llegando a niveles desconocidos completamente.   

Los modelos informáticos para medir todas las consecuencias de las técnicas de geoingeniería tienen sus límites, advirtió en tanto Martin Bunzl, profesor de Climatología de la Universidad Rutgers (Nueva Jersey). Al actuar sobre las nubes existe el riesgo de perturbar las precipitaciones, como el monzón en Asia, recordó. Según Bunzl, esto supone un peligro potencial real de reducción de la producción agrícola a nivel regional que podría afectar a millones de personas.

Phil Rasch, climatólogo del Departamento de Energía de Estados Unidos, dijo que "ninguno de los investigadores que trabajan actualmente en geoingeniería piensa que es momento de poner en práctica este nuevo enfoque".  "Hoy sabemos mucho más, nuestras herramientas de investigación son mucho mejores y tenemos mayor experiencia sobre el sistema de la atmósfera terrestre", argumentó.

Hasta ahora, "la mayor parte de la investigación en geoingeniería se limita a los modelos informáticos", explicó Fleming y agregó que hay muy poca financiación pública en Estados Unidos y Europa sobre esta nueva ciencia.

Mención aparte merece el debate sobre el uso de la geoingeniería con aplicaciones militares. Basta recordar iniciativas como la Operación Popeye, un proyecto militar de Estados Unidos emprendido entre 1967 y 1972, durante la Guerra de Vietnam. Dicha Operación consistía en sembrar las nubes con yoduro de plata, con lo cual las condiciones del Monzón se extenderían sobre el territorio de Laos, de modo que la lluvia continua ralentizara el tráfico de camiones con armamento y víveres. Sin ánimos de alarmar, si ese tipo de iniciativas tenían lugar hace 40 años, ¿qué no se podría hacer con los ''avances'' actuales?

Videos sobre las Estelas Químicas




miércoles, 7 de julio de 2010

''No podemos sentirnos culpables''

Loyda Olivo

El cambio climático ha transformado radicalmente la forma de producción de los campesinos y campesinas ecuatorianos. Sin embargo, “no podemos sentirnos culpables” porque son las grandes economías industriales las principales responsables del daño climático global, dice Loyda Olivo, responsable de mujer y familia en Fenocin. “Nos quieren hacer culpables a los campesinos y campesinas de este cambio, pero eso no tiene razón de ser”, insiste Loyda. “Nos obligan a usar químicos y prácticas impuestas por las mismas empresas poseedoras de grandes extensiones de tierra y grandes cultivos”, insiste.

Loyda habló de este tema en el marco de la Consulta de Naciones Unidas a través de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) sobre las directrices para el uso y tenencia de la tierra realizada en Brasilia.

“Desde siempre los campesinos y las campesinas hemos tenido claro que nuestra labor es cuidar la tierra porque nuestros ancestros han tenido esa visión clara y precisa… y así nos lo transmitieron”. Cuenta de sus abuelos, de la insistencia en diversificar y escalonar la producción en la finca predial, con el objetivo de minimizar lo que era necesario adquirir de fuera, eludiendo el manejo del dinero.

Quito: Congreso

FENOCIN es integrante de La Vía Campesina y de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC), que precisamente realizará su quinto congreso en la capital ecuatoriana en octubre próximo. “Este V Congreso es el resultado de un proceso de lucha, evaluación y formación continental de un año de preparación que iniciamos en abril de 2009 en La Habana, Cuba, y que fue fortaleciéndose aun más en la reunión a nivel continental e internacional con La Vía Campesina mantenida en el mes de octubre de 2009 en Quito”, dice Loyda.

La activista ecuatoriana también remarca el aporte fundamental de las mujeres campesinas y negras en el cambio de paradigma hacia el “buen vivir”. “Primero la mesa y después lo demás”, dice Loyda para insistir en que las directrices que emerjan sobre la tenencia y uso de la tierra deberán tener carácter vinculante para los Estados.

miércoles, 28 de abril de 2010

CO2 y cambio climático


En 1997, los gobiernos de los ''países industrializados'' se comprometieron a reducir las emisiones de gases invernadero en el Protocolo de Kioto de la Convención sobre Cambio Climático. Pero, simultáneamente, inventaron el denominado Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) a fin de evitar cumplir esos compromisos. La idea del "mercado de emisiones de carbono" es sencilla: vos emitís CO2, nosotros lo almacenamos y te cobramos por el servicio. ¿Cómo lo almacenamos? Muy sencillo: mediante la plantación de árboles. Pero acá comienza a complicarse el panorama.


Clima y dióxido de carbono



Durante los últimos 150 años, y especialmente a partir de la Segunda Guerra Mundial, la actividad industrial ha provocado que grandes cantidades de aquel carbono que, hasta entonces, se encontraba seguramente almacenado fuera liberado a la atmósfera.
Antes de los comienzos de la Revolución Industrial había alrededor de 580.000 millones de toneladas de carbono en la atmósfera. Hoy en día esa cifra ha trepado a más de 750.000 millones. Un 90% de este incremento en las emisiones de CO2 y otros gases causantes del calentamiento global ha provenido de los países del Norte.


La habitabilidad del planeta depende de que los niveles de dióxido de carbono no disminuyan ni aumenten en demasía. Sin la presencia de CO2 y otros gases, que permiten que el calor quede atrapado cerca de la superficie de la Tierra, su temperatura media bajaría a -6ºC. Si aumenta la medida de CO2, el agua de los océanos entrará en ebullición. A los actuales niveles, la superficie terrestre permanece a una temperatura media adecuada de 15ºC.


La madre tierra está entrando en calor...


Desde fines del siglo XIX a la fecha, la temperatura global ha aumentado en 0,6º C. La década de 1990 fue la más cálida que se haya registrado. Tormentas, sequías e inundaciones tan extremas como inusuales están causando estragos en China, África Oriental, Medio Oriente, Europa, Norteamérica, Nueva Zelandia, América Latina, y el subcontinente indio. En los últimos veinte años se ha perdido en el Ártico una superficie de hielo equivalente a la del estado de Texas, en tanto que la capa de hielo que cubre el Oceáno Ártico ha disminuido su espesor de 3,1 a 1,8 metros desde fines de la década de 1950. A su vez, el escudo de hielo Larsen, en la Antártida, se ha separado del continente.


En pocas palabras, el aumento de los niveles de carbono atmosférico no puede continuar. Un incremento de tan sólo 200.000 millones de toneladas determinaría un aumento de 2 a 3 °C en la temperatura global, lo que significaría una ola de calor sin precedentes en la historia de la humanidad. Hay todavía más de 4.000 millones de toneladas de carbono bajo forma de combustibles fósiles a la espera de ser extraídos y quemados, de los cuales las 3/4 partes se encuentran bajo la forma de carbón. Todo parece indicar que la mayor parte de este material debe ser dejado bajo tierra.


¿Dos soluciones posibles?


Lo que ha venido ocurriendo durante los últimos años deja poco margen para negar que el calentamiento global ha aumentado. Frente a la crisis hay sólo dos salidas posibles:

Una de ellas propone reducir drástica y aceleradamente el uso de combustibles fósiles. Ello significa centrarse primordialmente en la reducción de las emisiones de quienes ya han utilizado más que la parte que con criterio de justicia les corresponde de los sumideros y depósitos de carbono, así como en la promoción de la conservación y la eficiencia energéticas, el uso generalizado de la energía solar, energía geotérmica y otras fuentes de energía renovable y en la agricultura ecológica en lugar de la industrial. Este enfoque apuntaría a la igualación de las emisiones per cápita a nivel mundial, junto a la reducción de las emisiones totales, sin forzar a ninguna de las dos partes a soportar penurias innecesarias. Señalaría, por otra parte, que la
"deuda de carbono" que el Norte mantiene con el Sur por el sobreuso histórico que ha realizado de la atmósfera permanece todavía impaga.


La otra solución propuesta, en cambio, implica la adopción de programas especulativos que apuntan a modificar la biosfera y la corteza terrestre para permitir que absorban más CO2, junto con la promesa de hacer
"más seguro" el elevado nivel de consumo de combustibles fósiles por parte de las naciones y grupos más ricos.

Este segundo enfoque supone que, dado que los países industrializados han sobreutilizado la atmósfera a lo largo de la historia, tienen el derecho a seguir haciéndolo. Esta visión no sólo ignora la historia del uso desigual de los depósitos y sumideros de carbono, sino que colabora a agravar las desigualdades existentes a nivel mundial en cuanto al acceso a los recursos. La "deuda de carbono" histórica del Norte para con el Sur es sencillamente ignorada. Tal solución implica que cualquier nivel de emisiones de dióxido de carbono (sin importar cuán desmesurado sea) es aceptable en tanto sea "compensado" por alguna actividad que absorba CO2. El ejemplo más claro de una actividad de este tipo son las plantaciones de árboles dado que, a través de la fotosíntesis, éstos convierten el CO2 en carbono que acumulan en su madera. De este modo, una empresa industrial que emite millones de toneladas de dióxido de carbono al año se propone devenir tan "neutra" en lo que respecta emisiones de carbono como un pequeño campesino que emite una tonelada anual, siempre que dicha empresa plante miles de árboles.


El primer planteo se fundamenta en sólidos conocimientos científicos y de poblaciones de locales que conocen perfectamente el manejo de la Tierra, como es el caso, fundamentalmente, de indígenas. Miles de años de experiencia han demostrado la efectividad de mantener los hidrocarburos bajo tierra como forma de lograr que los niveles de CO2 atmosférico permanezcan estables. Hay consenso dentro de la comunidad científica: basta con que la concentración de CO2 aumente al doble de la existente antes de la época industrial (280 partes por millón) para que se provoquen peligrosas modificaciones en el clima mundial. Asegurarse de que el volumen de CO2 no se duplicará implica disminuir las emisiones por lo menos un 60% respecto a las registradas en 1990. Lo que se requiere no es una nueva y sofisticada tecnología, sino un fuerte movimiento político, social, científico, etc., que impulse las iniciativas ya existentes.


Por el contrario, el segundo planteo se basa en fundamentos científicos de nulo consenso. Nadie está seguro siquiera de cuáles son los actuales sumideros de carbono en la Tierra, ni sobre cómo funcionan. Por ejemplo, actualmente no hay consenso entre los científicos acerca de cuánto carbono está siendo tomado y emitido por los bosques templados, e incluso sobre cómo llegar a saberlo. Pretender crear sumideros nuevos, grandes, seguros y merecedores de cierto grado de confianza, resultaría una tarea mucho más ardua que tratar de resolver esos rompecabezas. Más difícil aún resultaría cuantificar la efectividad de cada uno de estos sumideros de carbono como compensador de determinada cantidad de emisiones industriales.



El paquete de plantaciones-sumidero


En comparación, la técnica más conocida, consistente en la utilización de plantaciones forestales convencionales para "fijar" emisiones de carbono, puede parecer sencilla y poco problemática. Sin embargo, de momento nadie tiene idea de cómo establecer una "equivalencia" significativa y confiable entre el carbono secuestrado en forma permanente en depósitos de combustible fósil, el CO2 transitorio en la atmósfera, y el carbono secuestrado temporalmente como resultado de cualquier tipo de plantación de árboles o de programas nacionales de forestación.


De momento al menos, es imposible predecir con la necesaria certidumbre cuánto carbono podría remover de la atmósfera un proyecto de plantaciones, ni por cuánto tiempo. A diferencia del caso del petróleo o del carbón que están bajo tierra, o de los carbonatos del fondo del mar, en el caso de las plantaciones el carbono almacenado (ya en los árboles vivos o muertos, ya en los horizontes superficiales del suelo) es "frágil". Vale decir, que puede rápidamente reingresar a la atmósfera en cualquier momento.


Si se le quiere dar verosimilitud a la hipótesis de que una plantación forestal
"equivalga a" o "compense" una cierta cantidad de CO2 emitido, los defensores de esta iniciativa deberán cuantificar un factor que exprese en qué medida las plantaciones destruyeron los depósitos de carbono previamente existentes, liberando de ese modo CO2 al aire. De acuerdo con análisis satelitales, durante la década de 1980, el 75% de las nuevas plantaciones en países del trópico se realizaron en zonas donde, diez años antes, había selva. Como consecuencia hubo liberación de dióxido de carbono estimada en 725 millones de toneladas. Reemplazar praderas por plantaciones forestales (lo que es una práctica común) puede resultar igualmente contraproducente. Recientes estudios han demostrado, por ejemplo, que el ecosistema de los Páramos Andinos es más eficiente que las plantaciones en la absorción de CO2. En ese sentido, un estudio reciente publicado en Nature por David Ellsworth, fisiólogo vegetal del Laboratorio Nacional Brookhaven del Ministerio de Energía de EE.UU, afirma que "la consecuencia clave de esta investigación es que, en respuesta a los niveles elevados de CO2 y nitrógeno, los ecosistemas con biodiversidad alta tomarán y secuestrarán más carbono y nitrógeno que los ecosistemas con biodiversidad reducida".

En definitiva, la idea de que una determinada porción de tierra forestada puede
"compensar" una cierta cantidad de emisiones industriales de dióxido de carbono depende de presupuestos falsos en relación con su evaluación. Las plantaciones "compensatorias" en gran escala, en lugar de mitigar el calentamiento global, podrían incluso catalizarlo. Si se sigue demorando la transición hacia una distribución más equitativa de las emisiones y a regímenes energéticos más sensatos, tales plantaciones podrían determinar un aumento en las emisiones de carbono tanto por parte de la industria como a partir del uso del suelo, lo cual podría ser evitado.


Al fin de cuentas: ¿de quién es la atmósfera?


Los defensores de la creación de un mercado de "deducción" del carbono (un Mercado de Carbono global) parten de la base de que la batalla ya ha sido ganada. Pero ese no es aún el caso. No es posible, como al influjo de una varita mágica, convertir la atmósfera (o el derecho a utilizarla para tirar dióxido de carbono) en una propiedad privada. No es posible, agitando nuevamente la varita, conceder a los ricos el poder para seguir contaminando la atmósfera a condición de que se apoderen de vastas superficies de la Tierra, ocupándolas con plantaciones forestales y provocando su degradación.


Los promotores de la idea (empresas petroleras, forestadoras, fabricantes de automóviles, banca multilateral, funcionarios de países del Norte, algunas ONGs) tendrán muchos obstáculos que sortear en el camino. Entre ellos el sentido común, la ciencia y por lejos el más grande de todos, los pueblos cuyas vidas y medios de supervivencia están amenazados por estas prácticas.


Contracción y convergencia


Al igual que el fenómeno del cercado de las tierras a inicios de la Europa moderna, la iniciativa de las plantaciones "compensatorias" de carbono es, esencialmente, un paso para extender y consolidar la desigualdad. El movimiento crítico frente al crecimiento del Mercado de Carbono global plantea una solución alternativa, respaldada científicamente y basada en el principio de que todos tenemos iguales derechos en cuanto al uso de la atmósfera. Se trata del principio de "contracción y convergencia", según el cual los países deberán negociar (y, de ser necesario, renegociar permanentemente) un máximo admisible de concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, acorde con las variaciones de las estimaciones científicas respecto del nivel de riesgo. A partir de ahí, acordarían progresivas disminuciones de las emisiones para alcanzar esa meta, a la vez que los niveles de emisión de los ricos y los pobres se irían gradualmente igualando.


En lugar de consagrar y expandir las desigualdades en el uso de los recursos, ocultando las patologías del actual patrón de explotación de combustibles fósiles (tal como propone la "compensación" por medio de las plantaciones a gran escala) el principio de contracción y convergencia implicaría abordar directamente las causas de fondo de la crisis del clima. En último término, esto equivale a afirmar que un clima vivible puede alcanzarse, no mediante más monocultivos forestales o más automóviles, sino solamente a través de un compromiso con la igualdad.

lunes, 12 de abril de 2010

El Banco Mundial y sus préstamos en contra de la humanidad


Las organizaciones ambientalistas Earthlife África Johannesburgo y GroundWork Amigos de la Tierra Sudáfrica lamentan la decisión del Banco Mundial de efectivizar un préstamo a la empresa energética estatal Eskom, para la instalación de una central eléctrica a carbón en Lephalale, provincia de Limpopo. La suma asciende a 3.000 millones de dólares. “Mediante esta resolución, el Banco Mundial ha demostrado, muy claramente, que no tiene ninguna consideración por el estado del clima y el medio ambiente en el mundo, el futuro de Sudáfrica ni los principios económicos de transparencia y corrupción”, expresa un comunicado difundido por las dos entidades el jueves, enseguida de la aprobación del préstamo. “No es un prestamista responsable”, fustiga.

Eskom genera aproximadamente el 95 por ciento de la electricidad que se usa en Sudáfrica y en el entorno del 45 por ciento de la disponible en todo el continente, según dice la propia empresa en su sitio web. Genera, transmite y distribuye electricidad para clientes y redistribuidores industriales, mineros, comerciales, agrícolas y residenciales.

El proyecto de la central eléctrica de Medupi en Lephalale consta de 6 unidades con una capacidad instalada de 4.788 megavatios. Está previsto que la primera unidad esté pronta en 2012 y la última en 2015. Según Earthlife África Johannesburgo y GroundWork Amigos de la Tierra Sudáfrica, la planta a carbón emitirá alrededor de 30 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, en momentos en que la humanidad necesita reducir drásticamente sus emisiones contaminantes, causas del cambio climático. El préstamo que hace efectivo el Banco Mundial muestra que la entidad continúa con una política de negocios que agrava la crisis climática en lugar de impulsar a las economías en desarrollo a usar alternativas limpias y últimamente más baratas, como la eólica, solar o geotérmica, consideran las organizaciones.

Investigaciones locales e internacionales han establecido que el sur de África será de las áreas del mundo más afectadas por el calentamiento global, con sequías, extinción de especies, escasez de alimentos y propagación de enfermedades como la malaria.

El coordinador de Proyectos de Earthlife África Johannesburgo, Tristen Taylor, manifestó en el comunicado: “dentro de 20 años la gente mirará hacia atrás y verá este préstamo como una oportunidad perdida para un giro positivo del mundo. Eskom y el Banco Mundial han cometido el error monumental de no apreciar no sólo las circunstancias extremas en que la humanidad se encuentra, sino también la posibilidad de un desarrollo alternativo, más limpio y más eficiente”. “Los niños de hoy los juzgarán duramente en los próximos años”, advirtió.

Por su parte, el director de Groundwork Amigos de la Tierra Sudáfrica, Bobby Peek, alertó que “el costo ambiental y social de este desarrollo impactará en todos los sudafricanos porque las tres mayores fuentes de agua, los ríos Limpopo, Vaal y Senque, serán desviadas para hacer posible Medupi y otras centrales futuras”. “El Banco Mundial sabe que todo el país será afectado pero elige ignorarlo. Tendrá que rendir cuentas”, aseguró Peek.

miércoles, 28 de octubre de 2009

El Salvador: ¿Sequías o Inundaciones?

Unos 10 mil salvadoreños de 29 comunidades de la zona del Bajo Lempa han visto en los últimos años cómo se han registrado, debido a los efectos del calentamiento global, cambios sustanciales en sus vidas cotidianas. Estos campesinos que subsisten por la siembra del maíz, la base principal de su economía, viven ahora a salto de mata, entre las sequías extremas, las grandes inundaciones y los terremotos.

Así lo relató el dirigente José Santos Guevara, de la Asociación de Comunidades Unidas del Bajo Lempa, que presentó esta situación ante el Tribunal Internacional de Justicia Climática en la ciudad boliviana de Cochabamba.

Los afectados por el cambio climático que llegaron desde El Salvador denunciaron la negligencia de los últimos gobiernos de ese país, que se han caracterizado por actuar en forma reactiva ante los fenómenos climáticos, en lugar de aplicar políticas de prevención que permitan mitigar los efectos, generalmente devastadores para la economía familiar.

Por el contrario, según evaluó Santos Guevara, desde el Poder Ejecutivo se impulsa la construcción de grandes carreteras, la instalación de hidroeléctricas, las inversiones de minería a cielo abierto y la deforestación.

Un estudio que realizaron el año pasado organizaciones locales registró que el 45 por ciento de los habitantes de la zona del Bajo Lempa sufre algún tipo de enfermedad, fundamentalmente debido al consumo de agua contaminada. Una de las afectaciones más corriente es la insuficiencia renal, y también se han extendido los problemas respiratorios, según dijo.

La lucha de las comunidades de esta región salvadoreña lleva ya varios años, y ha incluido, entre otras cosas, movilizaciones a pie hasta la capital del país, San Salvador, para presentar reclamos ante las autoridades.

martes, 27 de octubre de 2009

Chile: Mujeres rurales proponen soluciones al Calentamiento Global

Marcha de ANAMURI

Las mujeres rurales de Chile consideran que un gobierno como el que conduce Evo Morales en Bolivia, tiene más sintonía política con las demandas de las comunidades que, por ejemplo, el que lleva adelante la chilena Michelle Bachelet.

Para Alicia Muñoz, presidenta de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (Anamuri) de Chile, una buena elección de dirigentes para el Poder Ejecutivo también sirve para combatir problemáticas como el cambio climático y, finalmente, para salvar el planeta.

“Cuando elegimos a gobiernos que le llevan el pandero al mismo imperio que siempre nos ha aplastado con su bota, también estamos entregando todas nuestras riquezas a las grandes trasnacionales”, reflexionó la delegada chilena de La Vía Campesina, en el marco de la audiencia preliminar del Tribunal Internacional de Justicia Climática, desarrollado en la ciudad boliviana de Cochabamba. Allí hubo consenso en que la única solución posible para el calentamiento global tiene que tener en cuenta el modelo de desarrollo sustentable que se impulsa desde las comunidades rurales.

Para Muñoz, durante las gestiones de la denominada Concertación de Partidos por la Democracia, una coalición de centro que gobierna Chile desde 1990, han avanzado las industrias extractivas, el sistema de monocultivos y la hegemonía del gran capital. Por eso, en su intervención, la referente chilena se refirió a los impactos en el calentamiento global que tienen la minería, las grandes hidroeléctricas, la forestación y los agrocombustibles.

“Hay pueblos en el norte de Chile que ya no tienen agua para consumir, pero sí lo tienen las grandes mineras que siguen explotando la Cordillera de los Andes”, graficó la representante de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones Campesinas (CLOC).

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