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viernes, 29 de enero de 2010

Mozambique: Otra vez el monocultivo y sus estragos


En varias provincias del norte de Mozambique, empresas plantadoras de pino y eucalipto avanzan sobre tierras que pertenecen a comunidades de familias campesinas. Se trata de un proceso relativamente reciente, incentivado por el gobierno mozambiqueño que ve en las plantaciones de monocultivos de árboles un instrumento para fomentar el desarrollo y el progreso, principalmente en las regiones más distantes como la provincia de Niassa.

En esta provincia se concentran los principales incentivos al monocultivo de árboles. Es la provincia más distante de la capital, Maputo, la de mayor superficie entre las diez provincias del país y, al mismo tiempo, la de menor población. Esto es muy importante para las empresas: la provincia dispone de muchas tierras llanas y fértiles.

Allí las empresas cuentan con una concesión otorgada por el gobierno central del país que permite la plantación de aproximadamente 250 mil hectáreas durante un período de 50 años. Actualmente son cinco las empresas que actúan en la región, con un total de 11 mil hectáreas plantadas pero con la proyección de expandirse a aproximadamente 100 mil hectáreas en los próximos años. La financiación proviene del gobierno sueco, así como de un Fondo llamado Global Solidarity Forest Fund, que fue creado por varias iglesias de Suecia y Finlandia. Este Fondo afirma que ofrece empleo a las comunidades y que está plantando árboles en tierras degradadas, abandonadas por la comunidad.

Pero, en realidad, se constataron diversos impactos negativos de la expansión de los monocultivos de árboles en la provincia de Niassa. A través de visitas realizadas a unas 10 comunidades en varios distritos, quedó claro que el principal impacto de la expansión de las plantaciones está relacionado con el acceso a las tierras (o más bien el no acceso) por parte de las comunidades. En primer lugar, las empresas están ocupando las tierras cercanas a las comunidades ya que éstas se localizan en las proximidades de las carreteras y las empresas pretenden beneficiarse justamente de dichas carreteras para facilitar el transporte de la producción. Varias comunidades tuvieron que aceptar la presencia de las empresas, que ya habían logrado la concesión del gobierno central, y en algunos casos hubo como máximo una negociación al respecto de dónde la empresa en cuestión podía ocupar tierras.

En segundo lugar, las comunidades no están de acuerdo con la afirmación de que las empresas ocupan tierras degradadas. Lo que ocurre es que las comunidades suelen dejar descansar la tierra cultivada durante unos años después de un ciclo de plantación. No significa que la comunidad haya abandonado esa tierra.
La ocupación de esas tierras con eucaliptos y pinos reduce la futura disponibilidad de tierras para la comunidad. Cabe recordar que el 80% de la población de la provincia vive en las áreas rurales.

Otro de los impactos está relacionado con el empleo.
Es un argumento que las empresas usan para que la comunidad acepte las plantaciones, pero existen quejas porque el empleo es temporal, el salario es muy bajo y no siempre se ofrece transporte.

La Unión Nacional de Campesinos (UNAC) de Mozambique (miembro de la Vía Campesina) y la Unión de Campesinos y Asociaciones de Lichinga (UCA), en el distrito de Lichinga y distritos vecinos, están advirtiendo a las comunidades rurales y a la sociedad sobre dichos impactos negativos.
Como alternativa proponen un mayor apoyo e incentivo a la producción de alimentos por parte de las comunidades. A fin de cuentas, como varios líderes afirman, “porque nadie come eucalipto”. Además, defienden que la Ley de Tierras de 1997 tiene que respetarse e implementarse para las familias campesinas antes que las empresas comiencen a ocupar tierras, ya que dicha ley garantiza a las comunidades campesinas el acceso a las tierras y su posesión.

viernes, 23 de octubre de 2009

Los Agrocarburantes: "energía verde"...

En los próximos 50 años habrá que cambiar de ciclo energético, pasando de la energía fósil, que es cada vez más rara, a otras fuentes de energía. En el corto plazo es más fácil de utilizar lo que es inmediatamente rentable, es decir los agrocarburantes. Esta solución, al reducirse las posibilidades de inversión y al esperar ganancias rápidas, parece la más requerida a medida que se desarrolla la crisis financiera y económica.

Como siempre, en un proyecto capitalista, se ignora, lo que los economistas llaman, las externalidades, es decir, lo que no entra dentro del cálculo del mercado: los daños ecológicos y sociales. Con un porcentaje entre el 25 a 30% de la demanda, a la solución de la crisis energética, se tendrán que utilizar centenas de millones de hectáreas de tierras cultivables para la producción de agroenergía en su mayor parte en el Sur, ya que el Norte "no dispone suficientemente de superficie cultivable". Se tendrá, igualmente según ciertas estimaciones, que expulsar de sus tierras al menos a 60 millones de campesinos.

Los agrocarburantes son producidos bajo la forma de monocultivos, destruyendo la biodiversidad y contaminando los suelos y el agua. En las plantaciones del Choco, en Colombia, y no se ve ni un ave, ni una mariposa, ni un pez en los ríos, a causa del uso de grandes cantidades de productos químicos, como fertilizantes y plaguicidas. Frente a la crisis hídrica que afecta al planeta, la utilización del agua para producir etanol es irracional. En efecto, para obtener un litro de etanol, a partir del maíz, se utilizan entre 1.200 y 3.400 litros de agua. La caña de azúcar también necesita enormes cantidades de agua. La contaminación de los suelos y el agua llega a niveles hasta ahora nunca conocidos, creando el fenómeno de "mar muerto" en las desembocaduras de los ríos (20 Km² en las desembocadura del Missippi, en gran medida causado por la extensión del monocultivo de maíz destinado al etanol).

La extensión de estos cultivos acarrea una destrucción directa o indirecta (por el desplazamiento de otras actividades agrícolas y ganaderas) de los bosques y selvas que son como pozos de carbono por su capacidad de absorción.

El impacto de los agrocarburantes sobre la crisis alimentaria ha sido comprobado. No solamente su producción entra en conflicto con la producción de alimentos, en un mundo donde, según la FAO, mas de mil millones de personas sufren de hambre, sino que también ha sido un elemento importante de la especulación sobre la producción alimentaria de los años 2007 y 2008. Un informe del Banco mundial afirma que en dos años, el 85% del aumento de los precios de los alimentos que precipitó a mas de 100 millones de personas por debajo de la línea de pobreza ( lo que significa hambre), fué influenciado por el desarrollo de la agroenergía. Por esta razón, Jean Ziegler, durante su mandato de Relator Especial de las Naciones Unidas por el Derecho a la Alimentación, calificó los agrocarburantes de "crimen contra la humanidad" y su sucesor, el belga Olivier De Schutter ha pedido una moratoria de 5 años para su producción.

La extensión del monocultivo significa también la expulsión de muchos campesinos de sus tierras. En la mayoría de los casos, aquello se realiza por la estafa o la violencia. En países como Colombia e Indonesia, se recurre a las Fuerzas armadas y a los paramilitares, quienes no dudan en masacrar a los defensores recalcitrantes de sus tierras. Miles de comunidades autóctonas, en América latina, en África y en Asia, son desposeídas de su territorio ancestral. Decenas de millones de campesinos ya han sido desplazados, sobre todo en el Sur, en función del desarrollo de un modo productivista de la producción agrícola y de la concentración de la propiedad de la tierra. El resultado de todo esto es una urbanización salvaje y una presión migratoria tanto interna como internacional.

Es necesario igualmente anotar que el salario de los trabajadores es bien bajo y las condiciones de trabajo generalmente infrahumanas a causa de las exigencias de productividad. La salud de los trabajadores está también afectada gravemente. Durante la sesión del Tribunal Permanente de los Pueblos sobre las empresas multinacionales europeas en América latina, realizada paralelamente a la Cumbre europea latinoamericana, en mayo del 2008, en Lima, fueron presentados muchos casos de niños con malformación, debido a la utilización de productos químicos en el monocultivo de plátano, soja, caña de azúcar y de palmeras.

Decir que los agrocarburantes son una solución para el clima, está igualmente a la moda. Es verdad que la combustión de los motores emite menos anhídrido carbónico en la atmósfera, pero cuando se considera el ciclo completo de la producción de la transformación y de la distribución del producto, el balance es más atenuado. En ciertos casos, se convierte en negativo en relación a la energía fósil.

Si los agrocarburantes no son una solución para el clima, si no lo son que de una manera marginal, para mitigar la crisis energética, y si ellos acarrean importantes consecuencias negativas, tanto sociales como medio ambientales, tenemos el derecho de preguntarnos porqué tienen tanta preferencia. La razón es que a corto y mediano plazo aumentan de manera considerable y rápidamente la tasa de ganancia del capital. Es por esto que las empresas multinacionales del petróleo, del automóvil, de la química y del agronegocio, se interesan al sector. Ellos tienen como socios al capital financiero ( George Soros, por ejemplo), los empresarios y los latifundistas locales, herederos de la oligarquía rural. Entonces la función real de la agroenergía, es en efecto ayudar a una parte del capital a salir de la crisis y a mantener o eventualmente aumentar su capacidad de acumulación.

En efecto, el proceso agroenergético se caracteriza por una sobreexplotación del trabajo, la ignorancia de las externalidades, la transferencias de fondos públicos hacia el negocio privado, todo aquello que permite ganancias rápidas, pero también una hegemonía de las compañías multinacionales y una nueva forma de dependencia del Sur con respecto al Norte, todo aquello presentado con la imagen de benefactores de la humanidad ya que producen "energía verde".

En lo que concierne a los gobiernos del Sur, ellos ven ahí una fuente de divisas útiles de mantener, el nivel de consumo de las clases privilegiadas.

Por lo tanto, la solución es, reducir el consumo, sobre todo del Norte y de invertir en nuevas tecnologías (solar especialmente). La agroenergía no es un mal en sí y puede aportar soluciones interesantes a nivel local, a condición de respetar la biodiversidad, la calidad de los suelos y del agua, la soberanía alimentaria y la agricultura campesina. Es decir, lo contrario de la lógica del capital.

En Ecuador, el Presidente Correa ha tenido el "coraje" de detener la explotación del petróleo de la reserva natural del Yasuni. Esperemos que los gobiernos progresistas de América latina, del África y del Asia, tengan la misma firmeza. Resistir en el Norte como en el Sur, a la presión de los poderes económicos es un problema político y ético. Por lo tanto, denunciar el escándalo de los agrocarburantes en el Sur se constituye en un deber

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