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miércoles, 14 de abril de 2010

La esclavitud del siglo XXI

Niño Esclavo

El tráfico de miseria humana

Un informe presentado en 2001 por las
Comisiones Shengen (que estudian el libre tránsito en los países de la Unión Europea) y la Comisión Antimafia del Parlamento italiano, eleva a 200 millones el número de personas que vive en situación de servidumbre forzada. Pero incluso las estimaciones más cautas no pueden dejar de indicar que hay hoy día más personas viviendo en condiciones semejantes a la de la esclavitud que en cualquier otro momento histórico. Y lo indiscutible es que, actualmente, de Manila a Bangladesh, de Brasil hasta Italia o República Dominicana, son millones los hombres, mujeres y niños que viven en condiciones de sometimiento directo corporal y/o económico. En Mauritania o Sudán, tribus enteras son propiedad de algunas personas. Las formas contemporáneas de sometimiento incluyen el trabajo y la prostitución forzados, la servidumbre por deudas y el trabajo infantil. Los esclavos de hoy pueden ser concubinas,
jockeys de camellos o cortadores de caña, constructores de caminos, tejedores de alfombras o taladores. Si bien hoy día no abundan las imágenes de látigos y cadenas, y no son vendidos en subastas públicas, los esclavos de nuestros días en muchos casos son sujeto de tratos incluso más brutales y entornos más angustiantes que sus predecesores.


Mecanismos esclavistas en juego

En 1926, la
Convención contra la Esclavitud celebrada bajo los auspicios de la Liga de Naciones definió la esclavitud como "el estatus o condición de una persona sobre la cual se ejercen todos o alguno de los poderes asociados al derecho de propiedad". De este modo, se reconocía un sentido amplio de la esclavitud abriendo la puerta al reconocimiento de nuevas formas análogas. Se puede discernir distintos mecanismos de sometimiento a la servidumbre. Uno sería el laboral, del cual participarían, por ejemplo, los niños forzados a trabajar en textiles en India, en minas en Congo o fabricando aceite en Filipinas, o las mujeres de las fábricas de Vietnam, los emigrantes birmanos en Tailandia y los haitianos forzados a cortar caña en República Dominicana, o los esclavos en las plantaciones de bananas en Honduras y los subcontratados por fábricas de calzado en Camboya.

La esclavitud sexual es otra de las formas principales de sujeción de individuos. A las redes de prostitución y explotación sexual que afectan a mujeres, niños y emigrantes en buena parte del globo, que mueven un facturado anual de entre 7 y 13.000 millones de dólares al año, hay que sumar algunas formas de matrimonio como forma de esclavización de mujeres. En efecto, si bien el artículo 1 de la Convención Suplementaria de la Esclavitud (1956) prohíbe "cualquier práctica o institución en la que la mujer, sin el derecho de renunciar, es prometida o entregada en matrimonio a cambio de una compensación económica o especie a su familia, tutores o cualquier otra persona o en la que el marido de la mujer, su familia o su clan tengan el derecho de transferirla a otra persona a cambio de una compensación", lo cierto es que permanecen vigentes en muchos puntos del planeta prácticas como el acuerdo de matrimonios por un intercambio monetario o algún tipo de contraprestación económica. Esta práctica se convierte, en muchas ocasiones, en una "compra" de la novia y sus "servicios" En otros lugares al ser la familia de la novia quien debe pagar una dote al marido o a su familia, y al no poder ser satisfecha íntegramente esa cantidad antes del matrimonio, la mujer queda retenida dentro del matrimonio y sometida a castigos, maltratos y todo tipo de violencia mientras aquella no sea totalmente satisfecha.

En el origen de muchas de las situaciones modernas de esclavitud, y sobre todo en el ámbito rural,
aparecen deudas familiares para cuyo pago se recurre a la venta de personas, normalmente niños, o al trabajo de servidumbre para el acreedor, hasta que la deuda ha sido finalmente cancelada. El descenso ya secular del precio de los productos agrícolas o cualquier catástrofe natural puntual obliga a los pequeños campesinos a contraer deudas para sobrevivir, que son muchas veces heredadas por generaciones; tal el caso, entre otros, de los indígenas adivasis, en la India, los campesinos de algunas zonas de Brasil y de las regiones selváticas de Bolivia, obligados a malvender sus tierras y endeudados por generaciones. También el endeudamiento hace presa a los inmigrantes que cruzan ilegalmente las fronteras en busca de trabajo y que, una vez allí, descubren que sus ingresos deben ir a parar a manos de las redes que los han trasladado para pagar los supuestos gastos de transporte, alojamiento, etc.

Al igual que sucede con los niños, que son reclutados a la fuerza por el ejército de Sudán, los señores de la guerra somalíes o las guerrillas liberianas,
muchos adultos son forzados, secuestrados o coaccionados para alistarse tanto en ejércitos regulares como, fundamentalmente, en guerrillas, grupos paramilitares u otras fuerzas armadas de oposición o paraestatales.


Esclavitud al viejo estilo

Se estima que hoy día existen unos 90.000 esclavos en Sudán. La gran mayoría son negros cristianos capturados por las milicias gubernamentales y vendidos a árabes del norte del país. Según estimaciones, no hay aldea, en el norte, en la cual no se encuentren esclavos comprados al ejército. Aunque el Islam prohibió en todo momento la toma de esclavos musulmanes, lo cierto es que hoy, la población negra del sur de Mauritania, a pesar de su confesión musulmana, es tratada en régimen de esclavitud. Aunque no hay ningún país del mundo en el que la esclavitud permanezca como una práctica legal, en algunos la abolición ha sido una mera declaración formal que queda sin efectos prácticos en la medida en que no se modifican las condiciones económicas, sociales, políticas o culturales que llevaron a muchos hombres y mujeres al sometimiento.

El mundo ''industrializado'', que insistentemente ha izado el estandarte de los derechos humanos, no suele llamar la atención sobre el fenómeno de la esclavitud. La reivindicación de los derechos humanos tuvo sus orígenes en la Guerra Fría para denunciar abusos cometidos por estados, preferentemente (aunque no exclusivamente) dentro del mundo socialista: el Norte defendió a los prisioneros de conciencia, a los disidentes e intelectuales, a las víctimas de tortura, con el fin de presionar gobiernos.
En definitiva, un problema y una reivindicación políticos. Otra cosa sucede con la actual esclavitud, cuya raíz está en la pobreza absoluta de una porción cada vez más amplia del globo y en la sistematización de la explotación que de los más débiles practican algunos individuos y compañías con poder y cuyos responsables son particulares, no gobiernos. Lo que la alienta (la miseria) no parece ser un enemigo a combatir por los estados poderosos de Occidente. Denunciar la esclavitud hoy equivale a denunciar el ambiente que los genera: los esclavos del siglo XXI son hijos de la guerra, la competitividad despiadada de los mercados, la exigencia por abaratar costos y la desolación que a todos los rincones del planeta han llevado los capitales corporativos.

viernes, 19 de febrero de 2010

No intenten cambiar al clima más de lo que está... lo que hay que cambiar es el sistema!!!


El corrupto “acuerdo” de Copenhague muestra la gran brecha existente entre las demandas de los pueblos y los intereses de las élites. La tan esperada Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático en Copenhague terminó con un acuerdo fraudulento, diseñado por los Estados Unidos y presentado ante la Conferencia en el último momento. El “acuerdo” no fue adoptado por la conferencia. En lugar de eso, la decisión fue “tomar nota” utilizando una nueva y absurda estrategia parlamentaria, diseñada para acomodar el resultado a los intereses de los Estados Unidos y permitir a Ban Ki-moon pronunciar la ridícula frase “Tenemos un trato".

La Conferencia de la ONU no fue capaz de aportar soluciones a la crisis climática, ni siquiera un mínimo progreso hacia las mismas. Realmente, las negociaciones constituyeron una traición total a los países pobres y a los Estados islas, produciendo una situación vergonzosa para las Naciones Unidas y el gobierno Danés. En una Conferencia diseñada para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero se habló muy poco de la reducción emisiones. Los países "ricos y desarrollados" continuaron aplazando cualquier conversación sobre reducciones profundas y obligatorias y trasladaron la responsabilidad a los países "menos desarrollados", sin mostrar la más mínima disposición a compensar por los daños que han causado.

La coalición ¡Climate Justice Now!, junto con otras redes, se reunieron en Copenhague en torno al llamado por “Un Cambio del Sistema, No del Clima”. Por el contrario, la Conferencia sobre el Cambio Climático evidenció que las soluciones reales, en lugar de falsas soluciones basadas en el mercado, no serán adoptadas hasta que logremos superar el injusto sistema político y económico actual.

Las élites gubernamentales y corporativas reunidas en Copenhague no intentaron en absoluto satisfacer las expectativas del mundo. Las falsas soluciones y las corporaciones se apropiaron completamente del proceso de la ONU. A las élites mundiales les gustaría privatizar la atmósfera a través de mercados de carbón; dividir los bosques, praderas y sabanas que quedan en el mundo, violando los derechos de los indígenas y apropiarse de sus territorios; promover tecnologías de alto riesgo para reestructurar el clima; convertir los verdaderos bosques en plantaciones y mono-cultivos de árboles, los territorios agrícolas en sumideros de carbón; y terminar de acotar y privatizar lo que es común. Todas las propuestas discutidas en Copenhague estaban basadas en el deseo de generar mayores beneficios en lugar de reducir emisiones, e incluso las pequeñas cantidades de financiación prometidas, podrían utilizarse simplemente para financiar la transferencia de tecnologías riesgosas.

Las únicas conversaciones sobre soluciones reales en Copenhague tuvieron lugar entre los movimientos sociales. Climate Justice Now!, Climate Justice Action y Klimaforum09 expresaron muchas ideas creativas e intentaron hacer llegar dichas ideas a la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático a través de la Declaración Popular del Klimaforum09 y La Asamblea para Reclamar el Poder del Pueblo. Entre los gobiernos, los países ALBA, muchas naciones africanas y AOSIS frecuentemente se hicieron eco de los mensajes del Movimiento de Justicia Climática, hablando de la necesidad de pagar la deuda climática, crear fondos de mitigación y adaptación fuera de las instituciones neoliberales, como el Banco Mundial y el FMI, y evitar que el aumento de la temperatura global supere 1,5 grados.

La ONU y el gobierno Danés sirvieron a los intereses de los países ricos e industrializados, excluyendo las voces de los menos poderosos en el mundo e intentaron silenciar las demandas por soluciones reales. Sin embargo, las voces se hicieron más fuertes y se unieron cada día más durante las dos semanas de la Conferencia. Mientras tanto, los mecanismos implementados por la ONU y las autoridades danesas para reglamentar la participación de la sociedad civil eran menos operativos y democráticos y más represivos, cada vez más similares a los de la OMC y Davos.

La participación de los movimientos sociales fue limitada durante toda la conferencia y reducida de manera drástica en la segunda semana. Incluso, a varias organizaciones de la sociedad civil les quitaron sus credenciales para entrar a mediados de la segunda semana. Mientras que las corporaciones seguían haciendo cabildeo dentro del Bella Center.

Fuera de la conferencia, la policía danesa mostró su cara represiva, restringiendo masivamente el derecho a la libre expresión y arrestando y golpeando a miles de personas, incluidos delegados de la sociedad civil a la Conferencia sobre el clima. Manifestaciones, organizadas conjuntamente por sindicatos, organizaciones, movimientos sociales y ONGs danesas, movilizaron a más de 100.000 personas en Dinamarca para presionar por la justicia climática, mientras que los movimientos sociales en todo el mundo movilizaron a cientos de miles de personas más en manifestaciones locales por la justicia climática. A pesar de la represión del gobierno Danés y la exclusión por parte de la ONU, el movimiento por el cambio del sistema y no del clima es ahora más fuerte que cuando llegamos a Dinamarca.

Aunque Copenhague fue un desastre para las soluciones justas e igualitarias sobre el clima, ha sido un importante momento de inspiración en la batalla por la justicia climática. Los gobiernos de las élites no tienen soluciones que ofrecer, pero el movimiento por la justicia climática ha proporcionado una visión fuerte y alternativas claras. Copenhague será recordado como un acontecimiento histórico para los movimientos sociales globales. Será recordado, junto con Seattle y Cancún, como un momento crítico cuando las diversas agendas de muchos movimientos sociales se juntaron y fortalecieron, pidiendo con una sola voz el cambio del sistema, y no del clima.

La coalición ¡Climate Justice Now! invita a movimientos sociales en todo el mundo a movilizarse a favor de la justicia climática.

Se avanza en la lucha no sólo en las negociaciones sobre el clima, sino también en las bases sociales y en las calles, para promocionar soluciones verdaderas que incluyen:

- Dejar las energías fósiles debajo de la tierra e invertir en energías renovables eficientes y seguras, limpias y lideradas por la comunidad.

- Reducir radicalmente el consumo excesivo, primero y sobre todo en el Norte, pero también en las elites del Sur.

- Grandes transferencias financieras del Norte al Sur, basadas en reparaciones a las deudas climáticas y sujetas al control democrático. Los costos de adaptación y mitigación deben venir de la redirección de presupuestos militares, impuestos progresivos e innovadores, y la cancelación de deudas.

- conservación de los recursos basada en los derechos de los Indígenas a sus territorios y en la promoción de la soberanía de los pueblos sobre la energía, los bosques, la tierra y el agua.

- agricultura y pesca familiar sostenible y soberanía alimentaria.

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Movimiento Alternativo Enclave Sur